Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 248 tó innegable. No fue sino hasta los períodos que fueron de 1985-1990 y 20062011, que el partido logró acceder al poder, bajo el liderato de Alan García Pérez, cuando la primera generación aprista había prácticamente desaparecido o se hallaba en vías de hacerlo. En el ámbito interno, el aprismo ha tenido diversos críticos, lo que ha ocasionado quiebres y apartamientos enconados, algunos de los cuales se pasaron a las filas de los partidos comunistas locales. Sus opositores políticos fueron: las comunistas, el fascismo sancherrista de los años treinta, diversos sectores militares y otros partidos populistas como Acción Popular. Con todos estos antecedentes, no es difícil afirmar que ha sido una agrupación política con bastantes adversarios, una condición casi normal en el caso de un partido de larga existencia, como ha ocurrido con el peronismo argentino, el priísimo mexicano o el trabalhismo brasilero. Su presencia no ha sido integrada en los textos escolares o de historia contemporánea, pese a existir una bibliografía interesante y desarrollada en términos académicos, generalmente escrita por extranjeros o peruanos que radican en el exterior. Cuando se publicó el libro sobre Los miedos en el Perú, se hizo clara referencia al miedo al APRA, vale la pena reproducir las afirmaciones del historiador Jefrey Klaiber para entender el clima de polarización y controversia que se generó: No es exagerado decir que el miedo al APRA (Partido Aprista) constituye uno de los más importantes del siglo XX. Inclusive se podría afirmar que, hasta la década de 1960, muchos peruanos no podían imaginar pesadilla peor que un gobierno aprista. Desde la creación del Partido Aprista Peruano en 1930 hasta la aparición de los nuevos partidos Acción Popular en 1956 y Democracia Cristiana, los peruanos se dividían en dos bandos: apristas y antiapristas. Si bien los apristas se caracterizaban por su celo y entusiasmo, el antiaprismo también se distinguia por su apasionamiento. Pero el tema no termina con la creación de nuevos los partidos en la década de 1950. En realidad, el antiaprismo se ha encarnado en los partidos no apristas de derecha, centro e izquierda, de tal manera que se puede hablar de un hilo común que los unía: su antipatía y su miedo al APRA. Inclusive varios gobiernos, desde los gobiernos militares hasta los gobiernos civiles, temían mucho más a los apristas que a los izquierdistas (Klaiber, 2005, p. 257). Es posible advertir que el antiaprismo o por lo menos la “desidia” para la incorporación de alguna versión sobre la historia del partido se deba al rol que jugó en el desarrollo de los acontecimientos contemporáneos. Un buen contingente de peruanos e instituciones estuvieron implicados de manera activa como actores, a favor o en contra de este grupo. También se puede señalar que el APRA no fue un grupo totalitario, pero en tiempos de persecu-

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