Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 247 Esa herida es el olvido causado por la banalización de la experiencia traumática, la extinción del recuerdo a través del aniquilamiento de la fuente o de la exclusividad y restricción de su custodia. Nuestro trabajo establecerá las marcas que nos permitan comprender aún en forma parcial cómo funcionó la violencia política desde arriba (Estado) y desde abajo (entre presos políticos y comunes) y en términos de género (entre la masculinidad/feminidad hegemónica y la homosexualidad masculina o femenina). En todos estos casos, la experiencia carcelaria resulta difícil de estructurar e incorporar en la historia personal y su proyección en la narrativa partidaria y nacional. La cárcel, y especialmente ciertos aspectos controvertidos que formaron parte de esas experiencias, como la violencia de género, sigue perteneciendo a lo que se conceptualiza como la memoria subterránea. Nos toca explicar “cómo se manifestaba el despertar de los traumas profundamente anclados” y cómo esa memoria prohibida, clandestina, fue vertida en diversos momentos al papel, en el caso del APRA, no cómo parte de un testimonio vivo para expresar una acusación de valor jurídico, de justicia política y moral, sino en el marco de una estructura ficcional y a la vez real: la novela testimonial. La Alianza Popular Revolucionaria Americana Comúnmente se le conoce al partido aprista sólo por sus siglas: APRA. Con casi un siglo de existencia, su trayectoria ha sido compleja, puede resumirse en aspectos puntuales: inicialmente fue un partido nacionalista que argumentó la necesidad de una alianza pluriclasista entre obreros, campesinos, la clase media, intelectuales y estudiantes. Tuvo un marcado impacto de la política nacionalista y amtimperialista post revolucionaria mexicana y posteriormente de ciertos aspectos del laborismo inglés; el partido planteó la necesidad de la integración latinoamericana, de izquierda, pero no comunista, y opuesto según el período que se estudie, al leninismo, estalinismo, castrismo-guevarismo y el maoísmo, es decir, antagónico a cualquier versión de la izquierda totalitaria o vinculada a la subvención soviética. Luego de la Segunda Guerra Mundial y con el cambio de la política Norteaméricana hacia América del Sur, por Kennedy, conocida como “Alianza para el Progreso” (1961-1963), realizó un acercamiento hacia los Estados Unidos, perdiendo su discurso antiimperialista, parte de su otrora beligerancia. En el ámbito local, llegó a establecer alianzas con quienes fueron sus enemigos en el pasado. Aunque su líder y fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre, nunca logró obtener la presidencia del país, el impacto de su personalidad política resul-

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