Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Andrea Ibazetta 217 de la disciplina e incorporar las perspectivas que ofrecían otras ciencias sociales, influenciada por una mezcla ecléctica de perspectivas teóricas importadas, como eran la Nueva Historia Social Inglesa, el Marxismo Althusseriano, la Escuela de los Annales y la Teoría de la Dependencia. También se nutrió de una tradición académica histórica sólida, representada por Jorge Basadre y Pablo Macera, y rechazaba abiertamente la historiografía conservadora e hispanista. En cuanto a Los practicantes de la “Nueva Historia” eran producto y reflejo de una sociedad en pleno cambio y la mayoría de estos historiadores combinaban sus investigaciones académicas con una militancia política activa. El objetivo de esta Nueva Historia era cambiar la conciencia histórica nacional: reescribir la historia peruana de tal manera que surjan a la luz los sistemas de dominación oligarcas que, de la Conquista en adelante, habían mantenido a los peruanos en cadenas, y rescatar tradiciones de resistencia que apuntaban al potencial revolucionario de los grupos subordinados. Lo que la caracterizó fue su variada y dinámica producción historiográfica, la que suscitó varios importantes debates, según eso, es posible discernir dos movimientos en la revolución de la Nueva Historia: el primero, fue una reacción frente la historiografía tradicional, conservadora e hispanista y el segundo movimiento, fue una reacción frente a sus simplificaciones y su incapacidad para reconocer el papel de los subordinados en la conformación, desde abajo, de la historia peruana. Esta nueva perspectiva se nutrió de desarrollos dentro del Marxismo, en particular los aportes de Edward Palmer Thompson sobre la economía moral y la creciente influencia de nociones gramscianas de hegemonía; además, los historiadores comenzaron a incorporar las metodologías de la antropología y el psicoanálisis, al modificar sus enfoques desde el objeto, las estructuras y los procesos económicos hacia el sujeto, la cultura y la identidad. Tanto historiadores peruanos como extranjeros habían comenzado a producir una historia verdaderamente distinta; una historia que buscaba mostrar “las muchas caras del Perú”, tal como había esperado Alberto Flores Galindo (1988). Flores Galindo afirmó que la ciencia histórica, no se daría plenamente hasta que se solucionaran los problemas sociales que aquejaran al país, hasta que se mejore la calidad de vida de los estudiantes nacionales y se logre estabilidad política. Drinot (2000) menciona que, a pesar de su influencia y éxito, en la década de 1980 los estudiosos de la Nueva Historia se enfrentaron a una serie de desafíos que afectaron su dominación de la producción

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