Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Andrés Gálvez 157 lante, fundado en el estrecho amarre entre peregrinajes rituales y trajines comerciales” (Rivera C. y El Colectivo, 2010, p. 11). La yuxtaposición de secularidad y ritualismo encarnado en el lienzo del matrimonio de Doña Beatriz, nos sirve como recurso alegórico para la interpretación de los Bailes Chinos. La performatividad china se muestra como un artificio de alto nivel creativo a nivel estético, musical, ético y político, en el que las clases populares tomaron selectivamente de lo europeo junto a elementos de nuestro pasado prehispánico. Un mestizaje chino/ch’ixi/xampurrea, de sonoridades y sorodidades precoloniales y coloniales, de una poética y performatividad marcada por la huella dolorosa y conflictiva de la colonización, pero que ha permitido el ensanchamiento de las fronteras impuestas abriendo posibilidades futuras de emancipación. El que nos llamemos Bailes Chinos ya expresa esta huella conflictiva, pues revela que el pueblo se ha identificado con las chinas, es decir, como herederos de las mujeres plebeyas denominadas desde esta expresión quechua-aymara; en la ambivalencia de la connotación racista ligada a la violencia patriarcal del “padre ausente” que dejaba herederos huachos en el cuerpo de las amancebadas o cuncuvinas, a la vez que connota el afecto con la que en el plano espiritual el pueblo se refiere a la Virgen María como chinita (Montecinos [1991] 2007). Actualmente los Bailes Chinos son reconocidos como patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO desde el 2014. A partir de una estrategia de visibilización, este reconocimiento impone al estado chileno a que otorgue un soporte de supuesto resguardo y protección para su reproducción. El carácter culturalista de esta política implica un importante sesgo que no contempla los aspectos económicos y materiales en los que viven sus cultores/as. De hecho, esto pudiera repercutir en una forma de fetichismo en el que esta práctica se convirtiera en el adorno cultural del cual las corporaciones financieras extrajeran su plusvalía simbólica para encubrir la agenda desarrollista neoextractivista que se impone en nuestros territorios. Conclusiones Los Bailes Chinos se han mantenido en forma autogestionada durante cientos de años, por lo que dudo que vayan a caer al juego del esencialismo vinculado a la noción de “pueblos originarios”. Sin embargo, también considero que el hacer explícitas y el “sacar a la luz” el fondo cultural amerin-dio o la episteme india latentes en estas fiestas pueden tener repercusiones favo-rables que contribuyan con el potencial articulador que poseen estas fiestas, lo cual nos

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