Yuyarccuni Año II N° 2 Andrés Gálvez 153 de los pukullus o chullpares, construcciones funerarias todavía visibles en el altiplano (Gisbert, 1999). Como hemos visto a lo largo de este ensayo, el culto a los ancestros también tendría un ordenamiento espacial en relación a los géneros masculinos y femeninos. En el dibujo del panteón andino realizado por Santa Cruz Pachakuti Yamki en el que dice tomar de referencia una de las planchas de oro del templo de Coricancha en Cusco, aparecen los astros siderales del hanan/alax pacha en correspondencia con el kay/aka pacha en un orden masculino-femenino, derecho-izquierdo, respectivamente. En este caso, el árbol mallki representativo de las ramas genealógicas de los antepasados aparece en el lado femenino, ligando así esta dimensión de culto a los ancestros directamente con la esfera de poder femenino. De esta manera, no resulta extraño que en la imagen de la segunda edad del mito de las edades de Guaman Poma, la mujer esté sentada dentro de la construcción funeraria (pukullu) invocando las fuerzas telúricas de ukhu/manqha pacha. Por su parte, el hombre, invoca lo sagrado hacia arriba sin que ningún astro le corresponda, ni si quiera el Sol le responde. “Hacedor del mundo, ¿Dónde estás?” pregunta el Wari Runa, equivocado de la naturaleza de la deidad a la que implora, pues Pachacamaq es definitivamente una deidad telúrica (figuras 13 y 14). Intepretadas estas imágenes en conjunto, clarifica la asociación que Rostworowski (1992) hace del culto a Pachacamac con el Señor de los Milagros de Lima. La imagen de Taitacha Temblores, quien fuera pintada por un esclavo africano, no sólo indicaría un culto a las fuerzas tectónicas ordenadoras y creadoras del mundo, también indicaría que el ukhupacha es un espacio de culto a los difuntos y es también un espacio ritual femenino. Esta correspondencia entre nuestro cronista con gran parte de la obra de la escuela cuzqueña, nos muestra el potencial epistémico de estas verdaderas teorías de la colonización, una historia no empírica, pero de gran poder interpretativo (Rivera, 2015). Es esta capacidad y audacia creativa la que permitió al autor de la obra del matrimonio de Beatriz Coya el ir a contrapelo del objetivo al cual se destinaría dicha representación, y generar una sugerente asociación regida por los dedos de las manos de los protagonistas, que apuntan cada uno a un lugar/objeto específico: el libro de San Ignacio, la calavera de San Francisco y el ukhu pacha y tocapus de la princesa inka. Aquí se elabora la yuxtaposición de dos tradiciones civilizatorias en colisión: la de la escritura traída por Europa, y la del repertorio performático y visual de la memoria andina, expresado en la calavera. Archivo y repertorio, ritualidad andina y secularidad europea, tradi-
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx