Yuyarccuni Año II N° 2 Andrés Gálvez 149 del parentesco que integraban a las autoridades de las etnias conquistadas a la estructura del Tahuantisuyo. Si por un lado las artes de guerra elaboradas por la esfera masculina fijaban las fronteras del estado inka, las mujeres se especializaban las artes textiles y rituales en donde se cuida desde dentro una capacidad de socialzación hacia afuera. La parentela femenina podía configurar un sistema de alianzas interétnicas a través del endoculturación, pues todo lo ajeno o extraño podía integrarse para compartir el poder y herencia pues “la otredad no significaba ausencia de la condición humana” (Rivera C., 2010, p. 185). Esta apuesta por el mestizaje sería también una de las primeras tácticas impulsadas por el Tawantisuyu para el afrontamiento de los conquistadores, como lo muestra el dibujo de Guaman Poma que ilustra la escena en que el inka Atahualpa le ofrece a Pizarro mujeres doncellas. Este primer intento de seducción marcaría la impronta del devenir de nuestra condición biológica y cultural, es el advenimiento de una nueva realidad mestiza en el que las mujeres indias fueron activas en la configuración de las sociedades mercantiles de los siglos XVI y XVII. El costo de la conformación de esta “tercera república” que conectaba ambos mundos eran la subordinación como sirvienta, amancebada, o concubina del español, pero permitía un mecanismo de supervivencia en la que podían evadir tributos, compensar la falta de legitimidad social con poder económico y prestigios, adquirir propiedades y negocios, a través de la ayuda del amante español o criollo. Las tácticas hipergámicas de estas mujeres cristalizan esta huella con-flictiva que ensancha la frontera entre las dos sociedades, abriendo espacio para la “reproducción celebratoria y prácticas de convivencia andina, formas de reciprocidad y poder rituales, haciéndolas compatibles con aquellos rasgos que en principio parecían los talismanes malignos de la cultura invasora: el dinero, el mercado, la religión católica” (Rivera C., 2010, p. 195). La apuesta femenina por el mestizaje. La Coya Beatriz en el Barroco Andino La imagen de este proceso bien puede ser descrito con el cuadro del Matrimonio de Beatriz Clara Coya y Marín García de Loyola, el anónimo de la escuela cusqueña de fines del siglo XVII, de la iglesia de la Compañía de Jesús. El análisis de Alba Choque (2014) sobre este cuadro describe el proceso en el cual los indios colonizados y aculturados impulsaron un método de adaptación y adopción de los cánones de representación europeos que les servían para consolidar el poder de la corte y el clero. El barroco andino tendría así una agencia oscilatoria entre una forma de control colonial y una táctica de reafir-
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