Yuyarccuni Año II N° 2 Andrés Gálvez 147 Comprender cómo es posible todo este complejo repertorio de saberes locales, de tácticas y artes de hacer tanto epistémicos como políticos (De Certeau, 2000), nos conduce a volver a preguntarnos por la palabra china, que da el nombre esta ritualidad. José Perez de Arce (2017) describe que ‘china’ es una derivación del quichwa y el aymara que connota mujer u hembra que luego fuera apropiada por los españoles para denominar a las mujeres de “servicio”. Al respecto, Salinas (2012) detalla El pueblo se sintió heredero de las ‘chinas’, como se identificó a las mujeres plebeyas, denominándolas con esta expresión quechua. ‘China’, si bien tuvo un carácter de discriminación racista –por parte de las elites–, en su expresión ‘chinita’ fue una fórmula sobresaliente de afecto y de cariño. Las chinas fueron calificadas como indígenas sospechosas de romper la decencia del orden católico establecido […] animaron la vida festiva y amorosa chilena del siglo XVII” (p. 333). ¿Qué consecuencias tendría entonces que los bailes chinos hayan tomado su nombre a partir de una identificación propia o impuesta con estas mujeres violentadas? Responder a esta pregunta conlleva comprender la importancia del período de transición a la sociedad colonial en la que el mundo andino se enfrentara a la conquista española a través de la articulación de diversas tácticas de ofensiva, resistencia y adopción, cuyo desenlace fue el nacimiento de los mesticillos y mesticillas que describe Guaman Poma. En este contexto, la aparición de huachos y huachas fue un hecho cuestionable tanto para el mundo indio como el de los españoles, discriminados y severamente estigmatizados. Sin embargo, señala Barragán (1992) esta imagen fue cambiando pasando a definir una forma táctica para evadir el pago de tributos a la Corona por parte de los indios, y por los españoles como una forma de blanqueamiento de los pueblos indígenas. Como consecuencia de este mecanismo de mestizaje colonial, las primeras generaciones mestizas estuvieron marcadas por el vacío casi completo de referente paterno, el “padre ausente” (Montecino [1991] 2007), pero pudieron cobijarse …en una compleja apuesta femenina por la sobrevivencia en las durísimas condiciones de la sociedad colonial, lo que induce a estas mujeres a recrear una serie de normas de comportamiento colectivo, prácticas rituales, reglas endogámicas y mecanismos legítimos de circulación de bienes y conyugues, lo que hace acaba constituyendo una auténtica “tercera república”, que hace de puente entre la sociedad española y la indígena (Rivera C. [1997] 2010).
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