Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Andrés Gálvez 146 anécdota, hablar con los/as muertos/as, y un largo etcétera que dependerá de las coyunturas, de la época del año, y, por su puesto, del Santo o Santa específica que protagonice la fiesta. Son pues los Bailes Chinos de Chile, no mero conjunto de “usos y costumbres” ni patrimonio “inmaterial” dispuesto a ser objeto de “reconocimiento” o “visibilización”, son ante todo una apuesta china por la modernidad, una “otra mirada a la totalidad” (Rivera C. y el Colectivo, 2010). Las chinas y el culto a los ancestros Otro rasgo que resulta importante a destacar en los Bailes Chinos es el elaborado arte del diálogo con lo aparentemente no-humano. Más allá del totemismo o el animismo, los Bailes Chinos han cultivado un perspectivimo (Viveiros de Castro, 2013) que nos permite ver como humanos, es decir, como seres con alma e intención, a las imágenes patronales. De esta manera, las imágenes son dotadas de agencia a través de las “mandas” que la gente le pide en momentos específicos (ver Figura 13). Este “modo de ser” más que un “modo de aparecer”, conecta los saberes chinos con un profundo fondo cultural andino-amazónico, al mismo tiempo que desafía y desborda la pregunta hegemónica sobre quién ostenta los estigmas propios de lo indígena (Viveiros de Castro, 2013, p. 99). “Formas locales de conocer” (Grosso, 2012) que se despliegan a modos cotidianos de rendir culto a los ancestros, como es el caso emblemático de las “animitas” chilenas. También resulta interesante como se inscriben los nombres de los difuntos en algunos Santos Patrones particulares, como es el caso de San Pedro, al cual los pescadores acompañan con las fotografías de sus difuntos a quienes la mar les llevó la vida en las arduas jornadas de trabajo, más ahora que deben competir la pesca de arrastre industrial con la pesca artesanal. Los alféreces de los bailes chinos aprovechan así estas instancias para conectase y dialogar con ellos/as, como intermediación para agradecer o pedir una “manda” a la cual después corresponder recíprocamente con, por ejemplo, una placa de “favor concebido” o un acto de devoción a la animita o Santo Patrón particular. También resaltan los altares que la gente sabe preparar fuera de sus casas, a la cual le ponen alguna imagen patronal de su hogar o bien fotografías de los retratos de sus difuntos/as, como para invitarlos a ellos/as también a participar de la procesión. De esta forma cuando los bailes pasan al frente de una de ellas, estos se detienen para dedicarle unas mudanzas y unos versos cantados por el/la alférez (ver Figura 12).

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