Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Andrés Gálvez 141 en compañía de su respectiva cofradía, quienes siempre van repitiendo los dos últimos versos de cada estrofa, y que ocurre en el comienzo de una procesión a modo de saludo ritual. La segunda, corresponde a una conversación más compleja: el/la alférez junto a su cofradía se ubican frente a la imagen santoral para cantarle a la imagen sagrada que tiene enfrente, en un diálogo directo con lo divino, sin intermediación de alguna autoridad clerical, en la que los alféreces muestran su destreza poética para improvisar versos en los que transmite las “historias” bíblicas transmitidas en formas oral. Así, las antiguas sonoridades de la flauta de “tubo complejo” se yuxtaponen al canto de décimas y cuartetas interpretado por el/la alférez cuya estructura superficial se muestra como europea. Una modernidad china que interpela En los últimos años, estudios de la antropología, arqueología, historia y etnomusicología han tenido cierto impacto dentro y fuera del círculo de esta práctica espiritual, donde destaca una estrategia de visibilización de un conjunto de elementos étnicos prehispánicos que encarnan la sonoridad y la historicidad de las personas cultoras, cuyas interpretaciones han estado sujetas a múltiples debates, que a mi juicio, abren nuevas posibilidades de acción y comprensión, así como también aciertos y peligros (cf. Pérez de A., 1997, 2017; Mercado, Rondon & Piwonka, 2003; Mercado, 2003, 2008; Contreras & González, 2014; Ruiz Z., 2014). En este sentido, el etnomusicólogo José Pérez de A. (2017) se pregunta por el cómo un conjunto de factores sonoros de origen prehispánico ha podido permanecer allí reproduciéndose a pesar del influjo de la “cultura global”. Para ello, el autor abandona como marco temporal de estudio las fechas posteriores a 1960, por considerar que en esa década se habrían sufrido importantes modificaciones como “La erosión del principio de exclusividad masculina (se incorporan mujeres al baile), la exclusividad organológica de la fiesta de chinos (se incorporan bailes danzantes o de instrumento grueso) y a nivel de percepción de la sociedad global (son reconocidos como patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2014)” (Pérez de A., 2017, p. 1). Para el autor, en el plano del lenguaje habría un importante vacío en el que ya no se nombran los antiguos dioses por sus nombres, quedando la presencia única de un Dios al cual se nombra a partir de una particular sonoridad. De esta manera, celebra la resistencia de esta sonoridad estridente de tan únicas densidades tímbricas y armónicas que se mantienen hoy como única marca de “saber ancestral” vivo en el valle de Aconcagua, Resistencia que en

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