Yuyarccuni Año II N° 2 Andrés Gálvez 139 hibridez8 para comprender nuestros fundamentos epistemológicos a partir de la palabra aymara ch’ixi: gris jaspeado de manchas menudas que connota una fuerza explosiva que resulta de la yuxtaposición contenciosa de contrarios. “Lo ch’ixi conjuga el mundo indio con su opuesto, sin mezclarse nunca con él” (Rivera C., 2010, p 70), una dialéctica sin síntesis creativa de retóricas y prácticas de potencial universal capaces de subvertir la episteme de la razón instrumental. Desde aquí, la historia es entendida en forma no lineal sino cíclica, en espirales en los que colisionan y entran en conflicto múltiples proyectos de modernidad y hegemonía. De acuerdo a estos presupuestos metodológicos y epistemológicos, mi aproximación al ethos barroco en las procesiones de los Bailes Chinos implica adentrarme en la cultura visual de la trama social-histórica en la que me involucro. Las fuentes para mi interpretación remite a esas culturas visuales que operan como teoría social con trayectoria propia en nuestro continente, cobrando importancia la producción artística y teórica de cronistas indios y mestizos como Guaman Poma o la Escuela Cusqueña (s.XVI-XVIII) del barroco andino. Ajeno de las lecturas historicistas que cuestionan la autenticidad histórica de este tipo de testimonios, orientados a develar las falsedades e invenciones del artistas y cronistas como Waman Poma, pretendo, siguiendo la propuesta metodológica y epistémica de Rivera, rescatar el “alto valor interpretativo de la imagen” sin desatender el “marco conceptual y moral desde el cual se escribe o dibuja” (2010, p. 31). En este sentido, mi posición como flautero y aprendiz de alférez de los Bailes Chinos me permite desplegar mi investigación en la semiopraxis (Grosso, 2012), es decir, en los sentidos-en-acción que emanan desde el cuerpo de los manifestantes de este culto espiritual comunitario. Articulando mi experiencia vivida con la revisión de algunos aportes desde la historia, la antropología, musicología y sociología, junto al montaje de imágenes fotográficas de esta manifestación espiritual y obras pictóricas de artistas y cronistas del barroco colonial, esbozaré mi interpre-tación de nuestra historia andina en las regiones de los valles transversales del norte chico y el valle del Aconcagua. 8 Uno de los conceptos centrales que inspiraron en Silvia Rivera la idea de lo ch’ixi, es el de ‘sociedad abigarrada’ de René Zalavaleta. Por su parte, la idea de un barroco ch’ixi, viene de la mano del ethos barroco que nos habla Bolivar Echeverría. Desde estos fundamentos teóricos Rivera (2010) cuestiona la noción de híbridez, como la de García Canclini, además de advertir los peligros de la idea de sincretismo (síntesis cronológica), pues implica una amalgama de opuestos que desembocan en un ser completamente nuevo, lo cual resulta funcional a la política de mestizaje oficial de los proyectos modernizantes de las elites en época republicana.
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