sensibilidad penetrar en lo que está sucediendo con las mujeres latinoamericanas. No te creas que sólo latinoamericanas, las europeas también lo pasan mal. Al final sorprende lo parecidas que somos, a pesar de que deberíamos ser tan distintas. Conversé con una grupo de francesas en el Festival de Biarritz del año pasado y les conté el tema del albergue y me di cuenta que a todas les pasaba lo mismo. La diferencia con las francesas es que como no tienen ayuda doméstica, el marido es más civilizado en ese sentido, pero en el fondo es el mismo cuento. Esta falta de reconocimiento como persona que ha sufrido siempre la mujer, tiene también una expresión en la literatura. En ese sentido, ¿hay miedo al éxito? ¿Temor de invadir un mundo exterior que no te ha pertenecido nunca? Yo creo que tal es el pánico que lo demoras lo más posible y porque, además, le temen mucho al tema de identidad. También el estigma; una mujer que se atreve a tener éxito en el campo literario es terriblemente estigmatizada por sus pares hombres. Si te dijera la cantidad de calificativos que yo he recibido de los hombres, es impresionante: esto es subliteratura, esto es literatura programática, o lo que es peor, esta es literatura deliberada para tener éxito porque sabe que va a tener un público determinado. Incluso en Alemania un escritor chileno - yo estaba presente - me acusó de hacer lobby y de inventar de que era feminista porque de esa manera me podía ir bien en la literatura. Por lo menos con las dos primeras novelas, tuve que aceptar una serie de denigraciones de parte de los escritores hombres. Hubo un momento que dije: no tengo fuerzas para seguir porque no soporto más el estigma. Y ahí las lectoras juegan un papel importante porque el calor que recibo de vuelta me dice sí. Después entramos al otro tema que es la cosa práctica del éxito entre comillas, que es lo más masculino que hay. Yo tengo que dejar mi casa bastante seguido, viajo siempre sola, soy la única mujer en primera, vivo en los hoteles sola, el nivel de exposición es permanente. Además, no me estoy exponiendo como la mujer que se expone porque es linda, es otro tipo de exposición; yo tengo que usar la cabeza, dejar la casa, separarme de mis niñitas y eso a mí me mata. Por ejemplo, en estos momentos está apareciendo El albergue en varios países y desde España querían un plan de giras simultáneas por todos los países y yo dije no, yo voy a los países que ustedes quieran pero con el tiempo necesario entremedio para volver a la casa. Necesito estar con los míos porque yo lo paso mal, aparte que lo pasan mal ellas; entonces, cuesta bastante. Y después está que los hombres te tienen terror. Si yo no tuviera esta pareja sería la mujer más sola del mundo desde el punto de vista afectivo, porque los hombres se me arrancarían a perderse. Por eso te digo que al final el éxito no siempre trae beneficios para las mujeres. Hay una declaración tuya cuando hablas sobre lo que significa para ti escribir, en la que dices: yo tengo que tener algo que me ancle a la tierra porque si no me perdería, me iría. ¿Qué te suscita este temor? Cuando yo entro a esa especie de delirio hay muchas veces que no quiero volver... te voy a explicar mejor. En El albergue, Floreana, que tiene un poco este mismo proceso, o yo se lo puse basado en el mío, habla de un cuento de W. Somerset Maugham en el que un hombre se sube a un cuadro todos los días, se instala un rato en el cuadro hasta el día que no se baja más. Cuando yo leí esa historia sentí terror
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