porque pensé yo soy capaz de quedarme en el cuadro, pero no puedo quedarme en el cuadro. No puedo básicamente porque soy mujer, porque yo he parido dos hijas que son de mi responsabilidad, porque en la casa todo depende de mí, porque mi madre está vieja y porque tengo un marido que además es un hombre público, porque estoy de mujer de ministro, mujer de embajador, mujer de presidente de partido, y que al final me requiere y me requiere harto. ¿Cuál es tu relación con este poder masculino que de alguna manera tienes al lado de tu esposo? No me suscita grandes cosas. La parte ritual la tomo con sentido de humor y logro pasarla bien. En lo otro me dan ganas de pronto que deje la carrera política, de irnos a vivir a un pueblo y relajarnos. El poder siempre tiene mucho costo y más en el caso de mi marido que es un hombre muy honesto y ha sido honesto desde la izquierda, y que ha sido estigmatizado también. Tengo ganas de que no lo toquen más, de que no le vayan hacer daño, como que digo está bien para un tiempo, pero esto no puede ser toda la vida. ¿Militaste en la izquierda? Sí, largamente En la izquierda lo que más importó siempre fue la adhesión al proyecto colectivo y aquello que significaba identidad estuvo relegado a un segundo plano en ese discurso. Ahora ocurre todo lo contrario y peor, es el individualismo y el proyecto personal lo que cuenta. ¿Qué ocurrió con la izquierda chilena que regresó del exilio? Muchos de ellos volvieron a los proyectos colectivos y otros a quienes la marginalidad los hirió tanto, no quisieron saber de nada colectivo. Como digo yo, tantos izquierdistas que se enamoraron del proyecto de la derecha, eso en Chile es tal cual. Pero creo que al final de cuentas esa enseñanza que decías: “importa el proceso no importo yo”, formó a una cantidad de personas que eran unos inválidos en sus vidas personales siendo unos héroes en sus vidas públicas. Y es que la urgencia de los procesos no puede anular el crecimiento personal ni tener actos de independencia que antes eran vistos como un pecado, lo que nos afectó mucho. Por ello rescato el armarse interiormente porque es con lo único que nos quedamos; finalmente nacemos solos y morimos solos y todo lo que pasa entre medio es casi anecdótico. La soledad es el punto verdadero, y si tú no te tienes a ti misma de qué estamos hablando. Es cierto, pero no necesariamente las mujeres solas que han luchado por tener una relación de pareja en términos de comprensión y equidad, se tienen a sí mismas. No siempre, pero cada vez más sí. Las mujeres tienen una capacidad maravillosa de enfrentarse a sus problemas, cosa que los hombres no; los hombres son capaces de vivir la vida entera sin elaborar nada. Como dice una amiga mía, los hombres no tienen aparato psíquico; mientras las mujeres tienen la fuerza de rearmarse cada vez que se van al suelo, de pararse de nuevo, de empezar todo de cero. Mira las casas, las casas
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