nuestros maridos ni ser madres de los maridos. Yo no sé si en el Perú, pero en Chile se usa mucho el marido hijo, una carga más sobre la espalda. Bueno, ya no queremos ser ni mamás ni hijas. Queremos ser personas. Pero esas personas no encuentran sus pares porque el hombre que se te puso al frente no tiene un repertorio para enfrentarte como persona aparte de él. Por supuesto hay excepciones, estoy hablando de la generalidad. Cuando las primeras feministas salieron a las calles hace treinta años probablemente no pensaron que el resultado iba a ser este, el nivel de soledad en el que están las mujeres, los niveles de pena por lo poco amadas que se sienten. Así empezó a nacer esta novela hace tres años, cuando me dije éste es el cuento y me puse a escribirla. Pero la escribí pensando que por primera vez tenía que introducir personajes masculinos sustanciales porque éste es un cuento de a dos; porque si yo insistía en la pura mirada de la mujer no avanzábamos nada. Pero hay algo más de fondo. En Nosotras que nos queremos tanto, María es una mujer independiente y con propuestas propias, diríamos una nueva mujer. Sin embargo, cuando encuentra a un hombre que la ama y que ella ama, no acepta el amor que le ofrece Ignacio que podría haberla salvado de la depresión y el dolor. Que fue lo que me pasó a mí. Yo tuve un Ignacio y por fin llegué a la paz porque entendí que tenía que jugarme para quedarme con él. Pero María es incapaz de entenderlo. Al final deja una puerta abierta... Pero no sabemos si él llega Yo creo que llega. Al leer la descripción que hace María de Ignacio, me acordé de Lucho Maira y entonces me di cuenta que tú eras María. ¿Cuánto hay de Marcela Serrano en María? Lo reconozco, hay mucho porque creo que inevitablemente la primera novela tiene siempre de autobiográfico. No sólo por lo inexperta que es uno al escribirla sino porque hay que exorcizar una cantidad de fantasmas para poder narrar después tranquilamente. Yo tuve que sacar a María para inventar a Blanca, Violeta, Josefa, Floreana. María tenía que eliminarse, si no iba a cometer el gran error de meter un pedazo mío en cada una de mis protagonistas. En el fondo era eso. Y, además, advertí que hay muchas Marías en el mundo y las he encontrado en todos los países. Yo sé lo que eso significa y me da ganas de decirles no sean tontas, en algún momento hay que enfrentar el tema de la histeria que es el gran tema de la mujer; hay que cortar esta historia, sea vía terapia o como sea, si no nos va a llevar a ser una Marilyn Monroe, a suicidarnos con el teléfono colgando porque la llamada no llegó. Yo tenía que escribir sobre la histeria para poder después escribir sobre otras cosas, porque fue algo que me había marcado la vida entera. ¿Crees que para la mujer es más difícil aceptar el éxito? Pienso ahora en esas escritoras trágicas en sus vidas personales como en su obra, y que, sin embargo, han sido tan reverenciadas. Pero tú eres una mujer exitosa en tu vida y en tu obra. Tienes un buen público y has logrado con inteligencia y
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