tal vez la convierta en literatura porque llega un punto en que la vocación es tan fuerte que todo lo abarca. Me da la impresión que tomas la vida con mesura. La tomo con desconcierto. Ojalá la hubiera tomado con mesura. No soy de pasiones, soy de desconcierto. Soy una mujer con una rara necesidad de buscar algo que me centre, que me equilibre. Hay personas que son muy integradas, que desde que nacen se sienten integradas en la sociedad y saben cual es su sitio Yo, en cambio, me siento bastante desplazada en ese sentido. Con la edad, con la literatura y los afectos que he conseguido tener, puedo decir que sí estoy a gusto, con todas las reservas. Pero me ha costado mucho. También tus personajes femeninos participan de ese desconcierto... Sí, tal vez todos participan de esa sensación de extrañamiento. Buscan algo, no se sabe qué, y como no les es suficiente lo que la vida les ofrece, siempre sufren carencias. Son personajes insatisfechos, personajes a quienes las respuestas de otros no les vale demasiado. La narrativa española actual, tan rica en expresiones y calidad, surge con mayor fuerza después del gobierno autoritario franquista, que no sólo reprimió a sus opositores políticos sino que fue eterno vigía de una determinada moral, y, por consiguiente, censor de la vida cotidiana. ¿Estas de acuerdo con esta opinión? Claro, la vida cotidiana de entones era de tonos grises como dice la escritora Josefina Aldecoa. La posguerra es gris. A mí también me tocó una infancia de tonos grises. Los colegios no eran mixtos, y seguían normas convencionales, muy rígidas, nada de mezclar clases sociales ni a hombres con mujeres. Por ejemplo en el Club de Tenis, cuando yo tenía diez años, las mujeres no tomaban el sol en la piscina frente a los hombres. Había una especie de solarium, un recoveco donde las mujeres se bajaban los tirantes y se levantaban un poco las falditas. Desde luego que no se tomaba el sol frente a los hombres porque era algo impúdico. Todo esto expresaba una sociedad estancada, rígida, sin creatividad. Cuando se inició la transición democrática se produjo un estallido social con sus naturales exageraciones que se conoció como “la movida”. ¿Crees que es difícil vivir en la libertad y que los seres humanos necesitamos límites? Lo que se llamó la movida es algo anecdótico. Lo que sí se produjo fue el estallido. Algunos grandes colegios clasistas vendieron los mejores locales y se fueron a barrios pobres. Las monjas vistieron de seglares; en una especie de arrepentimiento público, admitieron que estuvieron equivocadas al dedicarse a enseñar sólo a determinadas clases y que su misión debió ser otra. Quiero decir que se originó una verdadera revolución de las costumbres, que se empezó a entender lo que es vivir en la democracia y a reaccionar contra el sistema autoritario. Pero cuando se producen estos estallidos se pierden todos los valores porque se saltan las reglas. Actualmente la regla es muy individual, la regla es mucho más difícil de establecer, porque es la
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