Voces y cantos de las mujeres

con esa misma preocupación. ¿En qué medida ha influido en ti como escritora esa relación? Difícil pregunta, porque me retrotrae a lo más importante en la vida para un escritor, que es la infancia. Yo creo que un escritor está hecho de todas las vivencias de esa etapa y de lo que implica la memoria de la infancia. En este sentido, la relación con mi padre y con mi madre - tal vez sobre todo con mi madre, porque me siento marcada por ella - está presente en mi vida y en mi literatura. Es más, aunque en Queda la noche efectivamente aparecen los padres, están al fondo, un poco fantasmales; en cambio, en Madres e Hijas, que es una recopilación de relatos de algunas escritoras españolas, publico un cuento en que la relación madre-hija es muy directa, y en la novela que estoy escribiendo esa relación es muy importante. ¿Y de qué trata la novela que estás escribiendo? - Es un monólogo escrito en cinco momentos de la vida de una mujer; y bueno, creo que profundiza en esta cuestión que precisamente a raíz del cuento sentí la necesidad de abordar con más detalle: el personaje de la madre y la relación con ella. Claro, seguramente las madres que están saliendo en esos relatos míos son mujeres que no han podido desarrollarse, que no han tenido una vida propia; y esto causa mucha angustia como hija, ver la vida de una persona casi sin posibilidad de buscarse a sí misma. ¿No crees que esta angustia deviene también porque no te puedes comunicar con ella? Creo que sí, que es fundamentalmente por la incomunicación, porque son mujeres que no hablan mucho, que no han accedido a la comunicación con los demás, que se han defendido y han tenido miedo a hablar. Son mujeres silenciosas, son relaciones muy silenciosas. ¿En qué medida esta relación silenciosa, pero entrañable por tratarse de las madres, implica también algo más doloroso, que es la incomunicación de los afectos? Hay falta de expresividad. Y claro, es muy importante que los afectos se expresen, porque si no se expresan, se enquistan, se enrarecen y de alguna manera dejan de ser afectos. La expresividad es el cause natural de los afectos; Por ello, cuando la afectividad ha sido tan reprimida y controlada, es un problema que genera angustia. ¿Tú sientes esa angustia? No por falta de afecto, pero a lo mejor sí de expresividad. Hay que analizar también las circunstancias sociales. Ahora creo que los padres estamos mucho más con nuestros hijos. Ha habido una revolución en las costumbres. En esa típica clase media de provincia, de una ciudad como Zaragoza, que es donde yo nací, en realidad los hijos no estaban mucho con los padres. Entre el colegio y lo que se llamaba el cuarto de jugar, al extremo de un pasillo, los padres no sé a que se dedicaban, porque yo no tengo recuerdo de mis padres de pequeña; quizá muy pocos, aislados, y referidos a los domingos, los almuerzos familiares y las fiestas. La sensación de mis primeros

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