SOLEDAD PUÉRTOLAS EL OFRECIMIENTO DE LA NOCHE Revista Quehacer. No. 104, Lima, noviembre-diciembre de 1996, pp. 90 - 95 La literatura escrita por mujeres ha logrado un espacio importante en la sociedad española. No sólo llama la atención la profusión de obras sino que en algunos casos éstas alcanzan más de una decena de ediciones y ventas cercanas al medio millón de ejemplares. Si bien cabría preguntarse si las escritoras más vendidas son también las mejores, la presencia de Soledad Puértolas, Almudena Grandes y Carmen Martín Gaite, entre otras, pareciera confirmar que se trata de un fenómeno de calidad literaria. Y aunque un artículo del diario “Ya”, titulado “Literatura femenina: ser o no ser”, advierte que: “Las mujeres escritoras son, según las estadísticas, las más leídas por el público y las menos premiadas”, varias escritoras españolas han conseguido galardones reservados hasta ahora sólo a los hombres. Tal el caso de Carmen Martín Gaite, que en 1994 recibió el Premio Nacional de Las Letras y poco después el Premio Príncipe de Asturias. De todas estas escritoras, quizá la más literaria sea Soledad Puértolas. Autora de Una enfermedad moral; Burdeos y Todos mienten, en 1979 ganó el Premio Sésamo con El bandido doblemente armado; y en 1989 el premio Planeta con su libro Queda la noche que lleva ya veintidós ediciones con más de 300,000 ejemplares vendidos. En 1995 publicó la novela titulada Si al atardecer llegara el mensajero. Nacida en Zaragoza, reside desde hace tiempo en las afueras de Madrid, en un quieto barrio llamado Pozuelo de Alarcón. Allí, en una casa de azulejos árabes plenos de colorido, la escritora vive en una casi reclusión escribiendo novelas en las que sus personajes siempre desean escapar del lugar en el que están, dirigirse a otro desconocido y probablemente equivocado. Seres que miran la vida a través de un prisma particular y que conviven con una suerte de soledad en la que incertidumbre y ficción se confunden, logrando un ambiente de difusos cuadros; semejantes a los viajes inesperados en los que se embarcan y a su incursión por ciudades extrañas tratando de huir de la espera inútil y del miedo a los días vacíos. En cierto sentido se parecen a los personajes de la obra de Joseph Conrad, que ante la evidencia que todo puede estar desmoronándose en el fondo de su ser, persiste una idea muy simple: la de seguir trabajando, sin capitular, sin rendirse ni amedrentarse. Porque los personajes de Puértolas sobreviven, a pesar de todo, alentados por una ciega esperanza. Aquélla que se perfila después de los errores y fracasos como un refugio, cuando sólo queda el ofrecimiento de la noche. Tu libro Queda la noche, empieza cuando la protagonista sale de vacaciones y le surge un sentimiento de culpa por tener que dejar solos a sus padres; curiosamente llego a tu casa y lo primero que te oigo es hablar con tu madre
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