Voces y cantos de las mujeres

de Antonieta, no pudo evitar la comparación entre estas dos vidas y dijo refiriéndose a Consuelo Sunsín: No cabe duda de que, como alma, es insignificante. Y, sin embargo, la elige el Hado para obsequiarle en serie golpes de brillante fortuna. Pero creo que tenía algún encanto por el que Saint-Exupéry se enamoró de ella; además, por lo general en las historias de arribismo tendemos a la sanción, y creo que ese es otro reflejo, la gente que tiene éxito debe ser mala. Pienso que el triunfo se debe, no digo admirar, sino reconocer. Sí, hay que reconocer el triunfo, pero cómo entender que todo lo que heredó de Saint-Exupéry se lo haya dejado tan alegremente a su chofer y, al parecer, último amante. Eso nunca se lo ha perdonado Francia. Un país en el cual Saint-Exupéry es más que un escritor, es un héroe nacional, un héroe de la guerra. Los franceses sienten que esa herencia que les pertenece estuvo primero en manos de una salvadoreña que la usó y que por último la dejó en herencia a su chofer. Es demasiado.

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