Voces y cantos de las mujeres

El romance duró años y se hubiera prolongado mucho más si Machila hubiese aceptado viajar a París con él. Pero creo que ella se cansó. Carpentier tenía una relación clandestina y de gran pasión, pero con afanes de posesión más de un marido que de un amante. Ella se cansó de jugar al matrimonio los tres días que Carpentier venía a México. Además, Machila no hubiera vendido su libertad por nada del mundo. Eso me sedujo del personaje, nunca haber cedido ni haber permitido que nadie le pusiera una mano encima. Contraria a esta imagen lúdica y bella de Machila Armida, la gente que conoció a Lupe Marín, la primera esposa de Diego Rivera, dice que era literalmente insoportable y que pocas personas la querían. Lupe Marín es un personaje teatral. Me gusta porque tuvo el valor de llevar todos sus defectos de carácter hasta tal grado de exageración que acaba cayendo bien. Nunca la he padecido como otras personas que dicen que podía ser cruel, arbitraria y hasta destruir vidas. Pero si te limitas al aspecto teatral y a que enfrentó la sociedad dando bofetadas verbales o reales a todo el mundo, entonces te preguntas como sobrevivió en México donde la gente no suele ser muy franca. Lo que descubrí a través de ella es que en los años veinte y treinta había el arte del escándalo, ahora la gente se da la mano aunque se odie. ¿Y a qué atribuyes esa obsesión por ser la "única mujer" de Diego Rivera, incluso cuando ya estaban divorciados y Rivera vivía con Frida Khalo? Había una combinación de amor y odio. La ausencia de un lugar adecuado se convirtió para ella en una lucha radical por distinguirse siempre como la única. Había también otros sentimientos encontrados de los cuales creo haber dado un pálido reflejo, a fin de cuentas es un retrato y no una biografía. Frente a esta explosión de emociones lanzadas a gritos, que sin pasión aparece María Asúnsolo, la mujer bella más retratada y esculpida del México moderno, y que originó un amor tan intenso en David Alfaro Siqueiros. María es un personaje raro, puedes estar horas y horas escuchándola, pero no te produce emoción; es un personaje sin relieve al lado de las otras, no hay mucho que contar de su vida. María fue un espectáculo y se dejo ver, pero no hay grandes pasiones. Una mujer bondadosa sin complejidades, ni misterios, que podía hablar de tragedias que vivió con una transparencia total, sin llorar ni hacer alardes, como tampoco en estado de febrilidad hablar de sus romances con Siqueiros o Neruda. Creo que su secreto fue nunca arriesgarse en terrenos donde no se sentía totalmente segura de sus posibilidades. Qué diferencia con Consuelo Sunsín, esa mujer que puso todo al servicio de sí misma y que escaló posiciones sin miramientos ni consideraciones. Una mujer tan indiferente y que, sin embargo, recibió golpes de suerte como su matrimonio con Enrique Gómez Carrillo y luego con Antoine Saint-Exupéry. Yo al principio pensaba como tú, pero después me dije que algo debía de tener para que Saint Exupéry se enamore perdidamente de ella. No creo que el único camino haya sido el arribismo o la suerte. Es cierto que Vasconcelos, días después del suicidio

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