Voces y cantos de las mujeres

adelantada y por eso muy confundida, con ideas propias, que se enfrentó a la sociedad, a los hombres, y a su familia. Además, difícil de reconstruir el personaje por la falta de fuentes. Sí, existen pocas fuentes escritas y orales. Cuando escribí el libro los pocos contemporáneos que vivían tenían 80 ó 90 años. Asimismo, para algunos sectores de la familia, Antonieta es un personaje tabú del que no se habla. Afortunadamente había otras personas de la familia interesadas muy sinceramente por entender cuál había sido el drama y que me ayudaron mucho. ¿Cuál fue el drama de Antonieta Rivas Mercado? Existe un conjunto de hechos. Antonieta se casó muy joven con un inglés del cual tuvo un hijo, y se separó para tener una relación con el pintor Manuel Rodríguez Lozano; homosexual, o bisexual, anda saber qué era exactamente, pero que aparece en su vida como una especie de Pigmallión perverso. Él es quien la pone en contacto con pintores y artistas; sobre todo con el Teatro Ulises, considerado el primer teatro de vanguardia de México, y con el cual no solo se compromete como mecenas sino que trabaja y actúa. Al producirse la resolución del divorcio favorable al esposo, se fugó con su hijo a Francia con la idea de encontrarse con Vasconcelos. Poco después se suicidó. Cuando escribí la biografía quise hablar con su hijo. Me dijo que el hecho que esa mujer fuera un personaje de la historia no le interesaba, para él era una madre que se había suicidado y lo había dejado solo a los 11 años. En tu libro Damas de corazón compendias el retrato biográfico de Consuelo Sunsín, María Asúnsolo, Machila Armida, Ninfa Santos y Lupe Marín. Todas ellas protagonistas de vidas apasionadas y romances con hombres célebres. Pero, ¿hubieras escrito sobre Machila Armida si no hubiese sido la amante de Alejo Carpentier? La gente que la conoció habla de ella como de un personaje irresistible, que no hizo gran cosa en la vida, pero que irradió ese México de la década del 50 y del 60. Nadie que la conoció está exento de un brillo en los ojos y una sonrisa cuando mencionas su casa, y esa especie de fiesta perpetua en la que vivió. También me divirtió la historia con Alejo Carpentier, con esa imagen estereotipada del diplomático acartonado, del gran y sabio escritor, y al que difícilmente imaginamos a esa edad volviendo a ser un adolescente de quince años. Un personaje totalmente entrampado defendiendo la revolución cubana, pero con el único deseo de viajar a México para ver a su amante. En el escenario de la Cuba de entonces, no se podía aceptar que el gran héroe de las letras cubanas prefiera visitar a su amante que vivir la revolución. Lo dice en sus cartas repetidas veces: a ver como de salgo aquí. Creo que por eso en las obras completas de Carpentier, no fue incluida la correspondencia con Machila Armida, a pesar de que su hija las ofreció. ¿Y cómo son las cartas de Carpentier? Aburridas. Yo esperaba cartas de amor a la altura de su obra, pero son bastante desilusionantes en ese sentido. Lo interesante es la información que proporcionan de una faceta desconocida de un Carpentier desesperado porque el correo llegara; redactadas muy aprisa por un hombre que no disponía de su agenda ni de su tiempo.

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