Voces y cantos de las mujeres

Algunas escritoras dicen que los personajes femeninos más complejos corresponden a la creación de mujeres. ¿Estás de acuerdo? La literatura está llena de ejemplos de escritores que han creado personajes femeninos extraordinarios y convincentes como Madame Bovary. Estoy más cerca a Proust que decía que en cada hombre hay una parte femenina que debe hablar, y que en las mujeres también hay voces masculinas. No sé si llega a formular esto bajo el concepto del androginismo de la escritura, pero me gustan más las mujeres que hablan no del único yo que tienen adentro si no de los varios que pueden tener. Nos dirigimos más a la complejidad, hacia la libertad de expresión, de decir realmente como es uno en caminos más aventurados, más liberados, y poco importa si firma un hombre o una mujer. Hace poco le pregunté a Elena Poniatowska por qué entre las mujeres que intentaron abrirse un espacio en la literatura hace treinta años abundan vidas trágicas e historias desgarradoras, y ella me respondió porque las escritoras eran locas o suicidas. Yo creo que Elena tiene algo de razón. Al revisar mi libro Señas particulares: escritora, puedo decir que aunque no en todas, ese componente está presente. Yo no sé si fue el precio que tuvieron que pagar por escribir, o si esa demencia es un exceso de lucidez. ¿Las siete escritoras a las que te refieres en tu libro tienen vidas trágicas? Cabezas trágicas sí. No hay suicidios, pero problemas de internamiento al manicomio sí, y tampoco lo esconden, está puesto en literatura como en el caso de Inés Arredondo o Elena Garro. Su literatura es una dramatización de esa situación. También es cierto que muchas veces se intenta descalificarlas por eso, aunque no hay que olvidar que en el imaginario mexicano existe una predilección por los derrotados con dignidad. Cuando escribí Damas de corazón quise equilibrar la balanza de algún modo, puesto que hay otras mujeres con vidas singulares y que se divirtieron muchísimo. Sin embargo, tu libro Antonieta sobre la vida de Antonieta Rivas Mercado, podría formar parte del culto a las trágicas célebres como Frida Khalo y Tina Modotti. Mi relación con Antonieta fue como la de todo biógrafo con su personaje. Una amistad compleja, irreal, y a la vez tangible. Discusiones y enojo por el final de su vida. Pero sobre todo intentar comprender a un personaje difícil, y también temor de atacar un mito por alguien que no es del país. Porque a Antonieta se la conoce más por su muerte, que por su vida. El reto mayor era precisamente explicar por qué una mujer que tenía todo se suicida antes de cumplir los 31 años. Algo que no creo haber desentrañado del todo, pero salvo ese limitante final que resolví literariamente, traté de quitar los velos del mito. Antonieta aparece como un personaje interesante que lo fue. Una mujer cuya vida cubre tres épocas de México: el porfiriato por origen familiar, la revolución, y los años veinte de vanguardia. Es sorprendente como una mujer salida de ese medio pudo llegar hasta la vanguardia, y a la lucha política al lado de Vasconcelos, en contra de su clase social y su origen. Fue una mujer

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