HISTORIA DE NUESTRAS PASIONES El registro trágico y lúdico de la vida de las mujeres, lo permitido y lo que obliga al silencio en la historia de nuestras pasiones a través de la literatura y la biografía, es quizá el tema central de los libros publicados por Fabienne Bradu. Investigadora y profesora del Instituto de Investigación Filológica de la Universidad Autónoma de México, ejerce la crítica literaria desde hace trece años en la revista Vuelta que dirigiera Octavio Paz. Francesa de nacimiento, Fabienne Bradu radica en México desde hace veinte años, y es autora de Señas particulares: escritora (FCE, 1978), Antonieta (FCE, 1991) y Damas de corazón (FCE, 1994). En tu libro Señas particulares: escritora analizas la obra de siete autoras mexicanas del siglo XX: Elena Garro, Inés Arredondo, Josefina Vincens, Rosario Castellanos, Josefina Hernández, María Luisa Puga y Julieta Campos. ¿Cuál fue la premisa y conclusión de este trabajo? Al comienzo traté de resolver una pregunta que suscitaba entonces polémica. ¿Existe una escritura femenina? y en caso afirmativo, ¿cuáles son sus características y qué la distingue de la masculina?. Pero a medida que fui haciendo el libro sentí mayor interés por las obras de cada una de ellas, y por la diversidad de respuestas que había frente a preguntas más o menos comunes. La identidad se convirtió en el hilo conductor, es decir, las diferentes formas de representar una identidad sin retomar principios ideológicos del feminismo, sino explorando más bien las voces literarias, el campo simbólico y esa pluralidad de voces. Pero ¿encontraste una escritura femenina? Creo que si existiera una literatura femenina hubiera producido una crítica feminista tan peculiar como la otra. Las escritoras y sus obras no se deben observar bajo esta lupa, que a lo sumo ha substituido los antiguos términos de la sociología de la literatura ahora aplicados a los géneros, y en ese sentido no estamos sirviendo ni a las mujeres ni a sus obras creándoles categorías aparte. Lo que más me enseñó este libro es que las muletas ideológicas no nos conducen a gran cosa, porque lo cierto es que no ha nacido una crítica nueva que ofrezca una respuesta distinta a la crítica que siempre se ha ejercido. Sé que eso me sitúa frente a una contradicción porque he hecho un libro sobre mujeres, pero tal vez ese fue el precio que tuve que pagar para darme cuenta que estas obras valían por lo que eran literariamente y no porque estaban firmadas por mujeres. Tengo mucha simpatía por la causa de las mujeres, pero no quiero perdonar los malos productos con el pretexto que están firmados por mujeres. No creo en esa indulgencia que nos coloca en el eterno terreno de las víctimas, a quienes se les tiene que dar un tratamiento de favor. ¿Y respecto a la identidad de las escritoras en la construcción de sus personajes? Ese fue el camino que más me interesó. Ver como cada una expresaba en la literatura problemas de identidad con toda su complejidad, y qué intentos de respuesta podía haber allí. Me maravilló que cada cual tomara caminos tan distintos frente a motivos comunes y que ofrecieran una respuesta literariamente singular. Creo que esa es la principal riqueza, no los denominadores comunes, sino la singularidad.
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