Voces y cantos de las mujeres

Sin embargo, así como no es posible ignorar en los albores del tercer milenio la importancia que reviste la interculturalidad en América Latina ante la diversidad de etnias, identidades y culturas que coexisten; tampoco es posible ignorar que el reconocimiento de los derechos de la mujer guarda relación con la defensa de la autonomía de las personas, y que la democratización de la sociedad pasa también por la asunción de sus reivindicaciones en el campo social y político. En consecuencia, pensamos que la construcción de una nueva sociedad y de una nueva forma de asumir la política, implica el reto de crear nuevas formas de relación y de resolver las contradicciones. En ese contexto, la lucha de las mujeres podría convertirse en una causa como las otras, quiero decir una causa políticamente asumida2, una forma de lucha contra la desigualdad y la opresión. El mismo concepto de ciudadanía ha variado; mientras la manera clásica de entenderla estaba relacionada con la noción originada en el discurso de la Ilustración que representó el principio universal de igualdad, fraternidad y libertad, actualmente no es concebible una ciudadanía en la que no estén incorporados los sectores marginales. También la identificación de valores y reglas en la esfera democrática ha cambiado desde su aparición en la cultura política ateniense. Se trataba, entonces, de una democracia esencialmente masculina, donde las mujeres carecían de derechos políticos y sus derechos civiles eran bastante restringidos. El principio que regía la democracia antigua establecía que para poder disfrutar de la igualdad política, los ciudadanos debían ser libres tanto para gobernar como para ser gobernados, y las mujeres no eran libres. Sólo hace siglo y medio nació la democracia liberal asociada a una economía capitalista de mercado y a la aceptación teórica de la división de las clases sociales. A partir de lo cual, se originan los cuatro modelos de democracia hasta ahora conocidos; entendiendo como modelo “un sistema de elementos que reproduce determinados aspectos, relaciones y funciones del objeto que se investiga”3. No obstante, hay que considerar que la sociedad en que actúa un sistema político democrático está unida al “carácter esencial de las personas que hacen que funcione el sistema” (lo cual, evidentemente, en un sistema democrático, significa la gente en general y no sólo una clase gobernante o dirigente)”4 El modelo denominado democracia como protección, se basaba en el principio del establecimiento de leyes que protegieran a los ciudadanos del abuso del poder. El sistema político debía crear gobiernos que defendieran una sociedad de mercado libre, a la par que apoyaban a los ciudadanos contra la codicia de los gobiernos. La resolución de este doble problema guardaba directa relación en quienes tenían derecho al voto y en el mecanismo de las elecciones. En su “Teoría de la Legislación”, Jeremy Bentham defendió a finales del siglo XVIII un sufragio que excluía a los pobres, los analfabetos, las personas dependientes y las mujeres. Si bien creía que las mujeres para compensar sus problemas naturales debían tener derecho incluso a más votos que los hombres, sostuvo que era imposible sugerirlo por los 2 “Políticas del compromiso y políticas de la verdad. Un diálogo con Francoise Collin”. Buenos Aires. El Rodaballo, 1998, pp. 46-50. 3 I. Blauberg, P. Kopnin, I. Pantin. Breve diccionario filosófico. Buenos Aires. Ediciones Sapiens, 1972, p. 127. 4 C. B. Macpherson. La democracia liberal y su época. Madrid. Alianza Editorial, 1987, p. 14.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx