Voces y cantos de las mujeres

de estas teorías debe haber sido alguna "nursy" fea que jamás saboreó el halago de un requiebro, o alguna cuarentona calabaceada"19. Pero, entre 1920 y 1930, Mariátegui escribe veintiún artículos sobre la mujer que difieren sustancialmente de los producidos en esa etapa. No sólo ha cambiado su visión de la mujer, sino que interpreta de manera creativa y audaz la presencia de varias mujeres notables de la década del veinte reunidas en un cuadro en el que aparecen: escritoras, artistas, políticas, poetisas, santas y prostitutas. Los temas que abarca son de variada y atractiva índole. Escribe sobre el amor y la sexualidad. Reflexiona en torno a la escritura femenina. Se acerca a Juana de Arco, Isadora Duncan y George Sand. También se refiere a escritoras y artistas peruanas, al feminismo y a la política. El primer artículo que escribe Mariátegui sobre una mujer con obra literaria data de la época anterior a su viaje a Europa, y está referida a la poetisa uruguaya Delmira Agustini. Se trata de un intento por comprender el drama de esta “poetisa llena de sentimiento y robusta de inspiración”, a la que compara con María Eugenia Vaz Ferreira, otra mujer de talento. Entre la vida y la poesía de Delmira Agustini hay un puente de dolor y misterio, cuyo análisis nos remite a la creación literaria en su intento por captar la realidad profunda20 más allá del esquema racional. Delmira Agustini y su esposo se reconcilian y cuando la calma parece cierta, ambos se suicidan. Mariátegui sugiere que el espíritu inquieto de la poetisa, su anhelo de emociones que la monotonía del hogar impide la conducen a la muerte. “Al pensar en este drama, rugiente de pasión, tremendo de dolor – dice - cabe preguntarse si no fue una equivocación del destino dotar a Delmira Agustini de una sensibilidad tan exquisita y de una imaginación tan grande. (...) Y puede agregarse que mejor le hubiera estado nacer sencilla y humilde y pobre de espíritu. Así habría cifrado sus expectativas para el porvenir en casarse bien y regalarse mejor y habría encerrado sus anhelos de dicha en los límites estrechos de un hogar dulce y tranquilo”21. En 1920, en su artículo titulado “Mujeres de letras de Italia”, alude por primera vez la obra literaria escrita por una mujer a propósito de Il libro de Mara de Ada Negri. El aspecto más significativo que Mariátegui destaca, es que los versos de las poetisas generalmente no son versos de mujer. “No se siente en ellos sentimiento de hembra. Las poetisas no hablan como mujeres. Son, en su poesía, seres neutros. Son artistas sin sexo”22. Virginia Woolf había señalado con anterioridad, que uno de los obstáculos para la escritura femenina es la dificultad de decir la verdad sobre sus propias experiencias, porque esto significa rechazar la imagen de la mujer pura e ideal y explorar francamente la sexualidad y el inconsciente23. Es manifestar sus deseos antes que adherirse a las opiniones y deseos de los demás. El dilema estético que se plantea en esa perspectiva, según Marguerite Duras, es que la escritora tiene que representar literalmente su propia visión de la femineidad traduciendo la 19 Ibídem, p. 38. 20 Antonio Melis. Prólogo: “Elogio della conoscenza litteraria”, en José Carlos Mariátegui. Il romanzo e la vita, Sigfried e il professor Canella. Bologna, 1990, p. 18. 21 José Carlos Mariátegui. ”Delmira Agustini”, en Escritos Juveniles, ob. cit., p. 153. 22 José Carlos Mariátegui. “Mujeres de letras de Italia”, en Cartas de Italia. Lima. Empresa Editora Amauta, 1991, p. 222 (11ª edición). 23 Virginia Woolf. Las mujeres y la Literatura. Barcelona. Editorial Lumen, 1979.

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