literaria fosilizada, tiene indirectamente una proyección política renovadora, y, podríamos decir, revolucionaria”15. Pero esa corriente de vanguardia y renovación cultural, no se produjo como un hecho aislado. En la década del veinte todavía se sentían las secuelas de la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, el impacto de la Revolución Rusa. América Latina había vivido el estremecimiento de la revolución mexicana, y asistía al surgimiento de una nueva conciencia nacionalista que impulsaba luchas como la de Sandino en Nicaragua. Mientras que en el Perú, terminaba una época signada por el predominio señorial, y surgía el indigenismo como movimiento que intentó incorporar elementos de la tradición andina en el arte y la cultura. Son los años del surrealismo, de la “Quimera de Oro” de Chaplin y de “El acorazado Potemkin” de Eisestein. Las mujeres proclaman su derecho a ser escuchadas y desafían a la sociedad. Cambian el suave vals por el charleston, se cortan los cabellos y se despojan de sus largos trajes. “En vano, escribe María Wiesse, han vociferado los moralistas contra la mutilación del cabello femenino y contra la falda, que descubre toda la pierna (...) En vano los poetas han llorado sobre “las trenzas de oro o de ébano”, que caían al suelo bajo la tijera cruel. (...) En este siglo de campeonas de tenis y natación, de electoras, oficinistas, periodistas y abogadas, resultaban anacrónicos e incómodos el cabello y el traje largo”16. Mariátegui y la literatura escrita por mujeres La observación de lo cotidiano y las costumbres de la sociedad limeña, constituyen un aspecto relevante de la función periodística de Mariátegui en la etapa anterior a su viaje a Europa. En sus crónicas aparecen diversos aspectos y escenas de la época; desde la mirada al deporte hípico de la alta burguesía hasta el enfoque de sus artículos destinados a una revista como “Lulú”, que se dirige al "mundo femenino"17. La visión que tiene de la mujer entonces, es definitivamente conservadora; no existe polémica ni reflexión sino por el contrario una permanente confirmación de la lógica patriarcal. Diez artículos y doce entrevistas a artistas, son prueba de ello; también, los personajes femeninos de diecisiete cuentos y dos obras de teatro. Hay que tener en cuenta, que fueron escritos cuando tenía de 17 a 22 años, es decir, entre 1911 y 1916. En ese período, el ideal de mujer está más acorde con la "sugestiva figura de una "midinette parisina" que con la de una sufragista "desgreñada, rabiosa, - dice Mariátegui - de aquellas que se lanzan a la conquista del voto femenino por los medios más inverosímiles y violentos"18. Se felicita que "aquellas teorías del sufragismo y del feminismo", sean en Lima "cosas exóticas", incapaces de entusiasmar a las mujeres. Y llega hasta el punto de sostener, que la inventora "de la más antipática 15 Américo Ferrari. “La revista Amauta y las vanguardias poéticas peruanas”, en Amauta y su Epoca. Lima. Editorial Minerva, 1998, p 323. 16 Amauta No. 4. Lima, diciembre de 1926. 17Antonio Melis, ob.cit., p. 35. 18 José Carlos Mariátegui. “Contigo lectora”, en Escritos Juveniles. La Edad de Piedra. Lima. Empresa Editora Amauta, 1991, T.1, p. 28.
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