que Garcilaso de la Vega, dice que el Sol envió del cielo a la tierra un hijo y una hija de los suyos para que le adorasen y tuviesen por su Dios14. El drama de la conquista y la lucha por la independencia Al analizar la conquista española desde esta nueva perspectiva, el fraccionamiento de la sociedad andina reviste características inéditas. Para la mujer, el choque cultural, el drama de la conquista, tuvo una dimensión particular; el profundo impacto se produjo en un contexto en que la violación y el maltrato estuvieron legitimados por el poder establecido como parte sustancial del impulso de sujeción que caracteriza toda conquista15, donde el elemento sexual estuvo presente en relaciones de subyugación y explotación a través de las cuales los hispanos convirtieron a las mujeres en sus mancebas, esposas, amantes, sirvientas y prostitutas. Cronistas como Fray Bartolomé de las Casas, Fray Calixto Túpac Inca, Guaman Poma de Ayala, Betanzos, Molina y Arriaga, coinciden en señalar que los españoles – incluso sacerdotes - tomaban a la fuerza a las indias sin importarles que fueran casadas, viudas o doncellas, y que las tenían para que les cocinen, tejan sus ropas y vivan con ellos. ¿Qué pasó con estas mujeres presas de la violencia sexual y del maltrato?. ¿Qué actitud asumieron, y cómo demostraron su resistencia frente al conquistador? Este es un dato apenas registrado. Los pocos ejemplos se reducen a la valiente actitud de la Coya Cory Occllo, esposa de Manco Inca, que al ser apresada por Pizarro con la intensión de utilizarla contra el Inca rebelde que luchaba en las montañas de Vilcabamba, se negó a colaborar por lo que fue condenada a morir azotada. Y, la Coya de Sayru Túpac, que al enterarse del asesinato de su esposo en 1560, convocó a cuatro capitanes rebeldes y les ordenó iniciar la insurrección. Posteriormente, se menciona que en el levantamiento de Huarochirí en 1750, María Gregoria, esposa del dirigente Francisco Inca, tuvo una importante actuación. Lo mismo en la rebelión de Juan Santos Atahualpa, en 1752, una mujer llamada Ana de Tarma cumplió funciones militares. También, el gesto solitario y dramático de Juana Moreno que, en 1777, mató al Teniente Corregidor Domingo de la Cajiza en protesta por el abusivo cobro de impuestos. El mestizaje también se produjo a través de alianzas económicas y sociales entre la nobleza incaica y los conquistadores. Mancio Sierra de Leguizamo se casó con Beatriz Huaylas, hija del Inca Huayna Capac, y Francisco Pizarro con su hermana Quispe Sise, con la que tuvo dos hijos: Francisca y Gonzalo. Estas uniones se formalizaron de acuerdo con la voluntad de las mujeres, pero también por imposición. Titu Cusi Yupanqui, tercer Inca después de Atahualpa, refiere que cuando fue apresado su padre Manco Inca, Hernando Pizarro no sólo quería oro sino casarse con su hermana, la Coya Cory Occllo. En su relato pone especial énfasis en la forma cómo su padre engañó a Pizarro a fin de no entregar a la Coya, aunque para ello tuviera que sacrificar a otra mujer de la nobleza. Así, Inguill, fingiendo ser Cory Ocllo, fue cedida al conquistador, quien fue para ella a besarla y abrazar como si fuera su mujer legítima de lo cual se rió mucho mi padre y a los demás puso en admiración, y a la Inguill en espanto y pavor, (...)daba gritos como una loca, diciendo que no quería arrostrar a semejante gente. 14 Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios reales de los Incas. Montevideo. Autores de la Literatura Universal, Volumen IV, p. 34. 15 Burkett, ob. cit., p. 128.
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