que hablaba con los demonios y que fue la primera inventora de huacas, ídolos y hechicerías4. Mientras que Fray Buenaventura de Salinas y Cordova dice que Mama Wako era la madre de un niño - criado por una hermana suya considerada hechicera -, que más tarde aparecería en Pacaritambo, cerca del Cusco, para ser obedecido y venerado como Rey e hijo del Sol bajo el nombre de Inca Manco Capac5. ¿Quién fue realmente esta mujer? ¿Era la madre o la esposa de Manco Capac?. Pero, al margen de su condición, que sería muy difícil establecer, lo cierto es que ejerció una forma de poder que no es posible ignorar si deseamos comprender la sociedad andina. Investigaciones más recientes concluyen que con la presencia de Mama Wako aparecen dos arquetipos femeninos: Mama Occllo, la mujer hogareña ocupada de sus hijos y Mama Wako, la mujer guerrera y libre. Pero cabría preguntarse si lo masculino y lo femenino tuvieron categorías similares a las nuestras, más aún si tenemos en cuenta que durante mucho tiempo se ha creído que a las mujeres en el Imperio Incaico se las dotaba de atributos masculinos. Hecho que revela el desconocimiento que en el idioma quechua los pronombres él y ella tienen una misma denominación: pay. Así, ellos y ellas, es paykuna6. Otro factor que destaca al reconstruir nuestra historia, es la importante función económica que cumplieron las mujeres. En la sociedad Inca la división del trabajo no fue muy rígida en lo que se refiere a la producción agraria y textil, y aunque en la producción agrícola las mujeres del pueblo cumplieron con las faenas del campo para asegurar alimento para su familia y el Estado, su participación en la producción textil estuvo en concordancia con el significado particular que tuvo el tejido en el mundo andino: no sólo se le utilizó en la confección de la vestimenta útil para el pueblo, los sacerdotes, los guerreros y la nobleza, sino que tuvo un sentido mágico religioso al constituirse en el símbolo de la derrota en las contiendas militares y elemento clave en las ceremonias mortuorias. El arte del hilado y el tejido lo aprendieron las mujeres del pueblo de sus madres o en talleres textiles, mientras que las nobles se especializaron en los Acllahuasis o Casa de las Escogidas, centros de educación y producción textil que no tienen equivalente en ninguna de las otras culturas americanas. Aquí también se impartía enseñanza religiosa, se preparaban los alimentos necesarios para las ceremonias de esta índole, y vivían las Vírgenes del Sol, hermosas mujeres destinadas al culto religioso y al Inca. También la función económica y política de las Coyas - esposas del Inca - tuvo una particular incidencia en la vida del Imperio. En primer lugar, disponían de una forma de propiedad privada que los hijos podían heredar, y las panacas7 maternas cumplieron un rol decisivo en la sucesión del poder8. La instrucción de los hijos, y del 4 Felipe Guaman Poma de Ayala. Primer Nueva Crónica y Buen Gobierno. La Paz. Editorial del Instituto Tiahuanacu de Antropología, Etnografía y Prehistoria, 1944. 5 Fray Buenaventura de Salinas y Cordova. Memorial de las Historias del Nuevo Mundo. Lima. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Colección Clásicos Peruanos, 1957, Volumen I, p. 14. 6 César Guardia Mayorga. Diccionario Kechwa-Castellano. Castellano-Kechwa. Lima. Editorial Epasa, 1980 (6ª edición). 7 La panaca designa a un grupo unido por lazos de parentesco de la nobleza. 8 María Rostworowsky. Estructuras andinas de poder. Lima. Instituto de Estudios Peruanos, 1983.
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