Otro factor importante es que si bien Engels sostiene que la propiedad privada ocasionó la derrota histórica del sexo femenino9, Levi-Strauss identifica el intercambio de mujeres como la principal causa de esta subordinación10, e incluso, Claude Meillassoux, señala que originó la aparición de la propiedad privada. Las mujeres pasaron a ser consideradas propiedad personal por su capacidad reproductora y fueron tratadas como objetos que podían intercambiarse o robarse. “Con semejante expropiación del poder de las mujeres, las relaciones individuales entre los hombres y las mujeres tuvieron que sufrir. Este desequilibrio causó una profunda desconfianza entre los sexos y llevó al control y la regulación de la vida sexual de las mujeres por parte de los hombres y, a veces, a la represión de sus necesidades sexuales”11. En ese período ya había culminado el proceso de transvase del poder de la diosamadre, y la pérdida de su supremacía. Se calcula que se produjo hacia el tercer milenio, aunque en cada cultura revistió de tiempos y características distintas; pero en todos los casos las diosas se convirtieron generalmente en esposas del dios supremo. No obstante, e inclusive mucho después del registro de trascendentales hechos como la formación de clases, jerarquías y la aparición de la propiedad privada, las mujeres continuaron ejerciendo un papel activo y respetado en su calidad de reinas y sacerdotisas. Reinas y sacerdotisas. El más antiguo retrato de una mujer, probablemente sacerdotisa, se encontró en Uruk, ciudad Sumeria que al igual que Eridu, Nippur, Lagash, Kish y Ur, se construyeron alrededor de templos hacia 3,500 a.C. Es una cabeza esculpida finamente de gran belleza y majestad. Sin embargo, la mujer más importante de ese período fue la reina Ku-Baba, que fundó la dinastía de Kish, una de las primeras asentadas en las ciudades de Kish, Warka y Ur. No sólo es la única reina que aparece en la relación de los monarcas que gobernaron con derecho propio, sino que se trata de una personalidad divina, puesto que después se la identificó con la diosa Ku-Baba venerada en el norte de Mesopotamia. En las excavaciones arqueológicas realizadas por Leonard Woolley del Museo Británico, entre 1922 y 1934, fueron localizadas 1,850 tumbas pertenecientes al período dinástico antiguo en UR, que data aproximadamente de 2,500 a.C., entre las que se encontraron dieciséis tumbas reales. Destacan las tumbas de la reina Ninbanda y de la reina Pu-abi, ambas rodeadas de otros cuerpos probablemente de sirvientes. Significan, la más clara evidencia del poder que ejercieron y compartieron varias reinas, además, del status de supremas sacerdotisas. Otro importante testimonio data del 2350 a.C., cuando el rey Lugalanda de la ciudad de Lagash, se apoderó de importantes templos dedicados a los dioses Ningirsu, Shulshag y a la diosa Bau, y puso a su esposa, Baranamtarra, al frente de la administración. Según los registros encontrados que abarcan el reinado de Lugalanda y su sucesor Urukagina, en el templo de la diosa Bau las mujeres desempeñaron varios papeles y 9 Federico Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Buenos Aires. Editorial Claridad, 1957. 10 Claude Levi Strauss. The Elementary Structures of Kinship. Boston. 1969, p. 115. 11 Georg Feuerstein. El valor sagrado del erotismo. Buenos Aires. Editorial Planeta, 1993, p. 84.
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