Un Héroe Civil

22 días. Juzgaba que era una infamia que negasen su heroísmo, después de haberlo ensalzado tanto, y, en particular, porque, a medida que transcurrían los días, se sentía más héroe que nunca. Perdió el apetito y el sueño; enflaqueció. Como una sombra melancólica, vagaba por los lugares ajenos a su barrio, temeroso de las burlas con que allí se le acogía. En el pecho alimentaba y crecía un odio feroz contra la madre de la muchachita de quien se creía salvador, firmemente convencido de que la enemistad de esta obedecía a un motivo oscuro y torpe que no alcanzaba a precisar. “Para esto no valía la pena que hubiese expuesto mi vida” — pensaba—. Y, lleno de amargura y pesadumbre, hacía reflexiones pesimistas sobre el falso halago de la popularidad y la inconsistencia de los afectos. Ayer, blanco de unánimes elogios; hoy, objeto de mofa de todo el mundo. Este cambio repentino, por lo mismo que ofrecía un contraste violento, considerábalo de suyo injusto e

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