Un Héroe Civil

21 Entretanto, cada vez se afianzaba más en su conciencia la convicción de haber realizado un acto tan hermoso y heroico. Concurrió a las redacciones de los diarios y, ante el desconcierto de los redactores, juró por su cabeza que las declaraciones de la madre de la chica obedecían al deseo de hacerle daño, agregando que, “aunque no le daba importancia al hecho, él había arrebatado de la muerte a la pequeña”. El Sensacional publicó una nota sobre el asunto en la que se dejaba margen para que los lectores formasen juicio por sí mismos, añadiendo pérfidamente nuevas declaraciones de la madre, completadas con otras de la chica. — Yo salvé a la chica —decía Gargurevich a quien quisiera oírle, y aun a los que no querían, pues, perdida ya la serenidad, andaba por ahí ofuscado, erre que erre en el empeño de convencer a todo el mundo del mérito de su acción. No se resignaba, ni mucho menos, a verse despojado de su aureola de gloria que nimbara su nombre los primeros

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