23 irritante. Nadie creía ya en sus palabras. Su propia madre trocaba su primitiva admiración por un sentimiento en el que se mezclaban, por partes iguales, la ironía y la indulgencia. En cuanto a sus hermanos, ninguno de ellos disimulaba la desdeñosa compasión que les inspiraba el verle convertido en víctima de sí mismo. ¿Quién diablos lo había metido a salvador? Las personas prudentes y razonables observaban una actitud mesurada frente al riesgo ajeno, y jamás se lanzan, como él, a hurtarle las presas a la Desnarigada. Mas lo peor en todo esto, según lo entendía él mismo, era que, una vez puesto en tales amenazas, solo le correspondía seguir en ellas. Tenía que realizar un nuevo y más hermoso acto heroico, para persuadir a los incrédulos y acallar a los burlones y deslenguados. Desgraciada o felizmente, no siempre se encuentran a mano personas en peligro de morir apachurradas, de modo que, por más imperioso que fuera su deseo, tenía que resignarse a permanecer a la expectativa. ¡Ah, si él
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx