¿Qué animal quisieras ser?

Ilustraciones Rashida Salés Nombera Animales peruanos ordinarios extra Textos Gerson Rivera Cisneros

¿Qué animal quisieras ser? Escrito por Gerson Rivera Cisneros Ilustrado por Rashida Salés Nombera Animales peruanos ordinarios extra un zorro andino una cangrejo carretero

¿Qué animal quisieras ser? Animales peruanos extraordinarios © Gerson Rivera Cisneros, del texto © Rashida Salés Nombera, de las ilustraciones © Biblioteca Nacional del Perú Av. De la Poesía 160, San Borja, Lima, Perú www.bnp.gob.pe Jefe Institucional de la Biblioteca Nacional del Perú Juan Yangali Quintanilla Director de la Dirección de Acceso y Promoción de la Información Leandro Villalobos Terán Diseño gráfico: Rodolfo Loyola y Raquel Villegas Espinoza Primera edición: julio de 2026 Tiraje: 800 ejemplares Depósito Legal 2026-08458 ISBN: 978-612-5205-33-9 Impreso en la Biblioteca Nacional del Perú Av. De la Poesía 160, San Borja, Lima, Perú Quisiera ser un cóndor para volar y llevar libros a todo el Perú. Quisiera ser un zorro para aparecer en muchas fábulas. Quisiera ser un cangrejo para estar siempre correteando en la playa. Quisiera ser un perezoso para dormir más de cuatro horas diarias. Quisiera ser un pingüino para andar siempre elegante. Quisiera ser una vicuña para tejer con mi lana.

A mi hijo Amador, que me enseña a ver el mundo más mundo. Gerson Rivera Cisneros A mi mamá, Patty, quien me permitió explorar el arte desde pequeña; y a Diego, por acompañarme y despertar en mí un amor cada vez más profundo por los animales. Rashida Salés Nombera

¿Alguna vez has querido ser un animal? I. Costa, mar, islas guaneras y manglares Pingüino de Humboldt Piquero peruano Guanay Pelícano peruano Lobo marino chusco Nutria marina Ballena jorobada Cangrejo carretero Gecko de Lima Cocodrilo de Tumbes II. Andes, puna y montañas Cóndor andino Parihuana Vicuña Taruca Puma Zorro andino Vizcacha Chinchilla de cola corta Suri Rana gigante del Titicaca 8 10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38 40 42 44 46 48 Índice

III. Animales domesticados que viven con nosotros Perro sin pelo del Perú Cuy Llama IV. Amazonía: ríos, cochas, selva baja y bosques montanos Delfín rosado Manatí amazónico Paiche Piraña Carachama común Taricaya Anaconda verde Rana venenosa de tres franjas Hormiga bala Escarabajo picudo de la palma Perezoso Mono choro de cola amarilla Oso de anteojos Gallito de las rocas Tucán de garganta blanca Ronsoco Sachavaca Armadillo gigante Otorongo Machetero Animales extraordinarios, país extraordinario 50 52 54 56 58 60 62 64 66 68 70 72 74 76 78 80 82 84 86 88 90 92 94 96

8 ¿Alguna vez has querido ser un animal? Por supuesto que yo sí. A veces he querido volar como un cóndor para llegar rápido a mi casa, especialmente cuando necesito ir al baño. O nadar como un delfín rosado por los ríos de la selva. O esconderme como un cuy cuando no quiero bañarme. También he pensado que sería genial tener la lengua pegajosa de una rana, la armadura de una carachama o los bigotes de una vizcacha para poder escabullirme en grietas y rincones sin chocar. Los animales tienen cuerpos increíbles. Algunos vuelan altísimo, otros respiran bajo el agua, otros caminan por las rocas sin caerse, otros brillan con colores peligrosos y otros parecen tranquilos, pero guardan secretos asombrosos. Mirar a los animales es como abrir puertas a otros mundos o como leer historietas de superhéroes. Los adultos han inventado

muchas cosas observándolos: alas, aletas, herramientas, casas, trampas, formas de esconderse y hasta maneras de viajar. Pero yo creo que los niños miramos mejor, porque preguntamos todo: ¿por qué tiene esa cola?, ¿por qué camina así?, ¿por qué no se cae?, ¿por qué parece calato?, ¿por qué hace tanta popó? Este libro es una invitación a jugar a ser animales del Perú y a imaginar cómo sería tener escamas, plumas, garras, colmillos, caparazón, trompita, bigotes o una barriga llena de sorpresas. Aunque no podamos convertirnos de verdad en una anaconda, un puma o un pingüino de Humboldt, podemos observarlos de cerca, reírnos un poco, aprender mucho y descubrir que cada animal tiene una manera especial de vivir. Así que abre bien los ojos y activa tu imaginación. En estas páginas podrás sentirte cuy, cóndor, otorongo, piraña, taricaya, viringo o el animal que tú quieras. Un soñador muy observador 9

10 Quisiera ser un porque… pingüino de Humboldt ... nunca tendría que decidir qué ponerme. Desde que naciera, llevaría puesto un frac elegante y estaría listo para una foto, una fiesta o la visita de mis abuelos. Mis papás podrían decir: «¡Qué bien vestido estás!», y yo respondería: «Gracias, pero no tuve que hacer nada». Vivo en la costa peruana, soy mucho mejor nadador que caminante y avanzo por tierra con un estilo que nadie podría copiar. No soy un adorno de playa: necesito un mar limpio, alimento y lugares tranquilos para anidar. La piel rosada de mi cara me ayuda a liberar calor. No vuelo, pero mis alas se transformaron en aletas para nadar. Camino como si el suelo fuera un barco. Al acicalarme, reparto sobre mis plumas un aceite que ayuda a impermeabilizarlas. Mis plumas son cortas, rígidas y muy juntas. Así me protegen del agua y del frío.

11 El pingüino de Humboldt vive en islas y costas rocosas del litoral peruano. A diferencia de muchos otros pingüinos, puede vivir frente a zonas desérticas, sin nieve ni hielo. Se alimenta principalmente de anchovetas y otros peces. En nuestro país está en peligro por la pesca, la contaminación y la alteración de sus lugares de descanso y reproducción. Puedo excavar mi nido en depósitos de caca de ave. No opines si nunca has tenido casa propia. Mamá y papá nos turnamos para cuidar los huevos y alimentar a los polluelos. No necesito nieve para vivir, pero puedo crear la mía propia, una muy fétida pero valiosa: ¡guano! Mis apodos: Don Frac El Pingüino sin Nieve El Vecino del Guano El Torpedo con Plumas Mi nombre científico es Spheniscus humboldti, aunque también me llaman: Pingüino de Humboldt Pájaro niño Moquete Puedo permanecer varios minutos bajo el agua mientras persigo peces.

12 Quisiera ser un porque… piquero peruano … sería salvavidas de playa. Volaría sobre el mar vigilando desde arriba y, si alguien gritara «¡auxilio!», bajaría rapidísimo para ayudarlo. Le alcanzaría un flotador con mi pico y lo acompañaría hasta la orilla. Eso sí: ¡no se pongan aletas, que podría confundirlos con un pescado y zampármelos! ¡Listo! Un buen nido hecho de las mejores algas y guano. Mi nombre científico es Sula variegata, pero también me llaman: Piquero peruano Piquero Alcatraz peruano Ave guanera Mis apodos: Clavadista con Plumas Flecha del Mar Bombardero de Guano Ambos padres cuidamos a los pichones. En mi familia, la crianza se comparte. No tengo dientes: atrapo peces con mi pico y me los trago enteros. Cuando soy pichón, mis padres me alimentan con pescado regurgitado.

13 Me llaman piquero porque pesco lanzándome en picada. Desde el aire calculo, apunto y caigo al mar como si hubiera apretado el botón de «¡A pescar!». El piquero peruano vive en costas, islas, islotes y acantilados del Perú y Chile, donde forma grandes colonias. Se alimenta principalmente de anchovetas y otros peces pequeños. La escasez de alimento, los eventos de El Niño, la contaminación y la perturbación de sus zonas de reproducción pueden afectar sus poblaciones. Nada de vista de águila, es vista de piquero: desde el aire puedo detectar peces bajo la superficie. Mis orificios nasales están cerrados y respiro por la boca. Al zambullirme, cierro el pico para que no entre agua. Mis patas son palmeadas para nadar mejor. Mi popó no pasa desapercibido: cuando somos muchos, forma guano, un abono poderoso… y oloroso. Antes de entrar al agua, cierro las alas y me convierto en una flecha con pico.

14 Quisiera ser un porque… guanay … sería buscador de tesoros submarinos. Me lanzaría al mar, aguantaría la respiración y exploraría barcos hundidos en busca de monedas y cofres perdidos. Bajaría tan profundo que mis amigos esperarían arriba preguntándose dónde me metí. Y, cuando regresara con un pez en el pico, diría: «No encontré oro, pero traje el almuerzo». Mi pico termina en una puntita curva. No es gancho de pirata, pero me ayuda a sujetar peces resbalosos. Bajo el agua avanzo impulsándome con mis patas, como si llevara dos remos incorporados. Después de tragar peces enteros, puedo devolver por la boca restos que no digiero, como escamas o espinitas. ¿Y si usamos popó para hacer el nido? No veo fallas en su lógica. Aquí nadie vive solo: tengo miles de vecinos con plumas. Buena idea: ya está aquí y ayuda a conservar el calor.

15 Soy un ave marina del Perú y vivo en grandes colonias junto al mar. Cuando llega la hora de comer, desaparezco bajo el agua y regreso con la panza llena. El guanay vive en costas e islas del Perú y Chile, donde forma grandes colonias. Se alimenta principalmente de anchovetas y otros peces pequeños. En el Perú está considerado casi amenazado. La escasez de alimento, la contaminación, los eventos de El Niño y la perturbación de sus zonas de descanso y reproducción afectan sus poblaciones. El guanay es una de las principales aves productoras de guano de las islas. Puedo perseguir peces varios metros bajo la superficie. En el mar desaparezco… y regreso con cara de «aquí no pasó nada». Mis orificios nasales se cierran cuando buceo. Respiro por la boca cuando estoy fuera del agua. Mis plumas se mojan un poco para ayudarme a hundirme y bucear mejor. Lanzarse al agua puede hacerlo cualquiera; bucear es para profesionales. Tengo estos apodos: Buzo con Plumas Señor del Guano Pingüino que Sí Vuela Mi nombre científico es Leucocarbo bougainvilliorum, pero también me llaman: Guanay Cormorán guanay Ave guanera

16 Quisiera ser un porque… pelícano peruano … sería cartero y repartidor de la costa. En mi bolsa cabrían cartas, juguetes, cachivaches de moda y hasta encargos de último minuto. Volaría de casa en casa más rápido que cualquier dron de reparto. Y si alguien pidiera un bebé… bueno, también podría hacer la entrega. ¡Lo siento, cigüeñas, pero llegó la competencia! Aunque parezca pesado, soy un buen volador. Puedo recorrer largas distancias y, cuando vamos en grupo, formamos largas filas sobre el mar. Mi pico es larguísimo: puede medir más de 30 centímetros. ¡Casi llevo una regla en la cara! También soy una de las aves guaneras del Perú. Mis patas tienen membranas, como remos, para nadar mejor. Cuando hace calor, muevo la bolsa de mi pico para refrescarme. Es como un abanico de garganta. No uso mi bolsa como mochila, más bien como colador: atrapo peces, escurro el agua y luego me los trago.

17 El pelícano peruano vive en costas, islas y puntas rocosas del Perú y Chile, donde forma colonias para descansar y reproducirse. Se alimenta principalmente de anchovetas y otros peces pequeños. La escasez de alimento, la contaminación, los eventos de El Niño y la perturbación de sus zonas de descanso y reproducción pueden afectar sus poblaciones. De pequeños somos torpes y muy hambrientos. Nuestros padres regurgitan pescado para alimentarnos. Mi bolsa gular puede estirarse mucho cuando pesco. Mi nombre científico es Pelecanus thagus, pero también me llaman: Pelícano peruano Pelícano Alcatraz Mis apodos: Cucharón con Alas Pico-mochila Don Papada ¡A comer, niños! Pescadito medio digerido, su plato favorito.

18 Quisiera ser un porque… lobo marino chusco … sería un veraneante eterno. Pasaría la mañana nadando, la tarde echado panza arriba sobre una roca caliente y, si alguien me buscara para hacer tareas, me lanzaría al mar haciendo ¡plaf! y desaparecería entre las olas. Además, tendría una voz tan fuerte que podría llamar a mis amigos desde lejos. Aunque me quedaría una duda: los lobos marinos… ¿también le aúllan a la luna? Soy un gran nadador. Voy y vengo entre el mar y las rocas, donde descanso después de buscar alimento y, de paso, me doy una buena rascada. ¡Ay, qué rico! Eso sí: no apto para pieles delicadas. Oye, bobo, no somos esa clase de lobos. Deja de aullar. Báñense, huelen a pescado. ¡Ay, soy yo! Esa voz la puedo reconocer entre muchas: es mi cría. Salió la luna. ¡Auuuuuuuuu! ¡Mamá!

19 Mi nombre científico es: Otaria flavescens, pero también tengo otros nombres: Lobo marino chusco Lobo marino sudamericano León marino sudamericano Y varios apodos: Bigotón del Mar Rey de la Roca Gritón de la Playa Uso mis bigotes para sentir movimientos en el agua. Los machos adultos somos mucho más grandes que las hembras y podemos desarrollar una melena alrededor del cuello. Tengo muchos compañeros de rocahabitación. Uso mis aletas para nadar y moverme sobre las rocas. El lobo marino chusco vive en grupos en islas y costas rocosas del Perú. Se alimenta principalmente de peces y otros animales marinos. En nuestro país está categorizado como vulnerable y lo amenazan la contaminación, los enredos en redes y los conflictos con la pesca. ¿En serio por mi melena me dicen león?

20 Quisiera ser una porque… nutria marina … sería bióloga marina. Pasaría el día explorando el mar, observando peces, cangrejos, moluscos y otros animales sorprendentes. Conocería cada rincón de la costa e investigaría todo con mucha atención… aunque, si alguno se viera muy apetitoso, quizá terminaría comiéndome a mi sujeto de estudio. Nado mucho mejor de lo que camino. En el agua soy una experta; en tierra, mejor no me pidas una carrera. No puedo mandar mi ubicación por celular, así que dejo olores y popó en lugares visibles. Es mi manera de decir: «Pasé por aquí». Mis bigotes son sensibles: me ayudan a encontrar comida aunque el agua esté movida. Mis orejas son pequeñitas y están bien adaptadas a mi vida entre el agua y la costa. Mis patas tienen membranas para nadar mejor entre olas y rocas. No uso wetsuit: llevo traje peludo contra el frío.

21 La nutria marina vive en costas rocosas del Pacífico sur y se alimenta principalmente de peces, crustáceos y moluscos. En el Perú está en peligro por la pesca, la contaminación, la pérdida y alteración de sus refugios, el turismo no regulado y la presencia de perros y gatos en su hábitat. Uso cuevas, grietas y espacios entre rocas como refugio. Mi cría nace peludita y protegida. Primero aprende a mantenerse segura y, después, a enfrentarse a las olas. Puedo trepar rocas mojadas con mucha agilidad. Mi comida vive entre las rocas o, como yo lo llamo, rocarefrigeradora. Mi nombre científico es Lontra felina, aunque también me llaman: Nutria marina Gato marino Chungungo También tengo apodos: Bigotes de Ola Detective de las Rocas Nadadora Peluda Cuando busco alimento, puedo sumergirme a varias decenas de metros. Pero este cangrejo estaba mucho más cerca. Una vez me resbalé porque el suelo estaba muy seco.

22 Quisiera ser una … podría hacer el salto bomba más grande del mundo. En la piscina me dirían: «¡No salpiques!», pero en el mar nadie podría detenerme: saltaría completamente fuera del agua y caería con un ¡plaaaf! tan enorme que hasta las gaviotas se despeinarían. También cantaría bajo el mar sin que nadie me pidiera bajar la voz. Sería como tener una piscina gigantesca solo para mí. Puedo pesar unas 30 toneladas. ¡Soy toda una bomba! Los machos cantamos durante horas bajo el agua. Serenata marina, sin guitarra y con el océano de escenario. Mi popó y mi pis funcionan como abono del mar: sus nutrientes ayudan a que crezca el fitoplancton. Respiro por espiráculos. Nariz arriba, cuerpo abajo. La parte inferior de mi cola tiene manchas únicas, como una huella digital. No puedo chocar los cinco, pero sí mis largas aletas. Mi nombre científico es Megaptera novaeangliae, aunque también me llaman: Ballena jorobada Yubarta Ballena cantora Ballena de aleta larga También tengo apodos: Saltarina del Mar Cantante del Pacífico Mamá Tonelada porque… ballena jorobada

23 No soy un pez, aunque viva en el mar. Soy un mamífero: respiro aire, tengo crías y las alimento con leche. Cada año viajo desde aguas frías, donde encuentro alimento, hasta las cálidas costas del norte del Perú para reproducirme. No llevo mochila ni pasaporte, pero conozco rutas larguísimas en el océano. Puedo asomarme fuera del agua como un submarino. Puedo llevar «pasajeros» pegados al cuerpo: percebes y hasta «piojos de ballena». No tengo dientes: tengo barbas para filtrar alimento. Peine gigante para comida chiquita. Al nacer, puedo medir alrededor de 4 a 5 metros y pesar cerca de 900 kilogramos. La ballena jorobada visita la costa norte del Perú durante su temporada reproductiva. Sus desplazamientos ayudan a distribuir nutrientes y sostener la vida marina. La amenazan los enredos en redes de pesca, las colisiones con embarcaciones, la contaminación y el ruido submarino. No uso mamadera. Mi mamá lanza bajo el agua una leche espesa para que pueda beberla.

24 Quisiera ser un porque… cangrejo carretero … sería un artista de la arena. Construiría castillos, esculturas y hasta una ciudad entera frente al mar. También recogería conchas para hacer adornos artísticos. Mis pinzas serían mis herramientas y la playa, mi taller. Y, si quisiera empezar de nuevo, solo tendría que esperar a que subiera la marea. Después de todo, un artista debe renovarse. Eso sí, nunca olvidaría el bloqueador: ¡no quiero ponerme más rojo! Soy un corredor de playa: vivo cerca de la orilla y, cuando salgo de mi madriguera, dejo huellitas que parecen las marcas de una bicicleta diminuta. A veces saco espuma por la boca. No es jabón: ayuda a mantener húmedas mis branquias. Mis pinzas me sirven para agarrar comida, excavar y decir: «¡Este espacio es mío!». Aprovecho restos de alimento que deja el mar. Equipo de limpieza de la playa. No uso escoba ni recogedor: para limpiar la playa me bastan el hambre y mucha paciencia.

25 El cangrejo carretero vive en playas arenosas del Pacífico oriental, incluida la costa peruana. Se alimenta de materia orgánica y pequeños animales. Su presencia puede ayudar a conocer el estado de las playas. Por eso, es importante proteger sus madrigueras y no perseguirlo por diversión. Mi nombre científico es Ocypode gaudichaudii, pero también me llaman: Cangrejo carretero Cangrejo carretero pintado Cangrejo fantasma Mis apodos: Corredor de la Arena Fantasma Playero Ojitos de Periscopio Si mi armadura me queda chica, la cambio. A eso se le llama muda. Cuando sube la marea, puedo esconderme en mi madriguera. No todo cangrejo quiere surfear. Mis ojos están sobre palitos, como dos periscopios.

26 Quisiera ser un porque… gecko de Lima … sería un exterminador de plagas. Saldría de noche a buscar mosquitos, arañas y otros bichitos que se metieran en casa. Me escondería detrás de los muebles y aparecería justo cuando más me necesitaran. No usaría insecticida ni repelente: ¡solo mi lengua y mucho apetito! Tengo ojos grandes para moverme mejor de noche. Mis dedos me ayudan a moverme entre piedras y superficies ásperas. No uso zapatillas: uso patas de gecko. No parpadeo como tú. Mis ojos tienen una cubierta transparente, como lentes incorporados. Cuando mudo de piel, puedo comérmela. Suena asqueroso, pero así recupero nutrientes y no dejo pistas. Mi lengua es rápida y húmeda. Me sirve para atrapar bichitos y limpiarme los ojos.

27 Soy pequeño y vivo únicamente en ambientes secos de Lima e Ica. Durante el día permanezco oculto y salgo cuando cae la noche. El gecko de Lima es un pequeño reptil endémico del Perú. Sus poblaciones están muy fragmentadas y separadas unas de otras. Está en peligro crítico debido principalmente a la pérdida de su hábitat y al crecimiento urbano, que dificulta el contacto entre ellas. Soy tan pequeño que una grieta puede parecerme una casa. Las huacas son algunos de mis últimos refugios. A diferencia de otros geckos, no suelo andar por paredes y techos. Prefiero moverme cerca del suelo, entre piedras y superficies ásperas. Mi nombre científico es Phyllodactylus sentosus, pero también me llaman: Gecko de Lima Gecko limeño Mis apodos: Ninja de las Huacas Fantasma Nocturno Matainsectos Turbo 2000 Pequeño Guardián de Lima

28 Quisiera ser un porque… cocodrilo de Tumbes … sería guardaespaldas de las estrellas. Las cuidaría en conciertos, estrenos de películas y alfombras rojas. En el colegio también protegería a mis amigos y, si apareciera algún abusivo, bastaría con enseñarle mis dientes para que se fuera por donde vino. Lo malo es que, si algún día llorara de verdad, nadie me creería. Seguro dirían: «¡Esas son lágrimas de cocodrilo!». Soy el único cocodrilo que habita naturalmente en el Perú. Los adultos podemos alcanzar varios metros de longitud. Mi piel tiene escamas duras como una armadura. No me visto de guerrero: nací así. Mi hocico es largo y poderoso. No sirve para dar besitos, sino para atrapar alimento y respeto. Si pierdo un diente, otro puede crecer detrás. Tengo repuestos en la boca. Siempre sonrío para la foto. Mi cola es mi motor: con ella me impulso en el agua como torpedo de manglar.

29 El cocodrilo de Tumbes vive en manglares, esteros, lagunas y desembocaduras de ríos del norte del Perú. Se alimenta de peces, crustáceos, tortugas, aves, reptiles y otros animales. En nuestro país está en peligro crítico debido principalmente a la pérdida de su hábitat, la caza y los conflictos con las personas. Puedo quedarme quieto como tronco. Pero cuidado: algunos troncos tienen ojos. Las hembras hacemos nidos profundos y podemos poner entre 30 y 60 huevos. Mi nombre científico es Crocodylus acutus, pero también me llaman: Cocodrilo de Tumbes Cocodrilo americano Cocodrilo narigudo Mis apodos: Tronco Sospechoso Torpedo de Manglar Peruxila Mis ojos, oídos y nariz están arriba. Así puedo espiar, respirar y escuchar sin sacar todo el cuerpo. Mi mamá puede llevarnos con cuidado en la boca hasta el agua. Parece peligroso, pero es taxi familiar de cocodrilo.

30 Quisiera ser un porque… cóndor andino … sería un explorador aéreo de los Andes. Recorrería montañas y quebradas desde el cielo, descubriría caminos escondidos y conocería lugares a los que casi nadie llega. Desde arriba, los ríos, pueblos y senderos parecerían parte de una maqueta gigante. Mi mapa sería todo el paisaje. Soy una de las aves voladoras más grandes del mundo. Al alimentarme de animales muertos, ayudo a limpiar la naturaleza y a evitar que sus restos se conviertan en focos de enfermedades. Mis garras no son para cazar: me sirven para sostenerme. Mi pico es fuerte, curvo y filudo. No es para sonreír en la foto: es para desgarrar carroña. Mi cresta no es una corona: indica que soy un macho adulto. Tengo pocas plumas en la cabeza y el cuello. Así me ensucio menos cuando como. Calvo no: práctico. De jóvenes somos pardos; de adultos, nos ponemos oscuros… y eso que no escuchamos metal. A veces defeco sobre mis patas. Cuando el líquido se evapora, ayuda a enfriar mi cuerpo. ¡Aire acondicionado natural! Mi bufanda de plumas me ayuda a guardar calor cuando vuelo por los Andes fríos. Puedo vivir cerca de 50 años, y a veces más.

31 El cóndor andino vive en montañas, cañones y otros espacios abiertos de los Andes y la costa. En el Perú está en peligro por la caza, el envenenamiento, el tráfico de sus partes y la pérdida de hábitat. Un solo huevo, dos padres atentos y una crianza muy lenta. No soy parte de una fiesta ni un trofeo: soy fauna silvestre protegida. Mis alas son enormes y anchas. Aprovecho las corrientes de aire para recorrer grandes distancias gastando poca energía. Con las alas abiertas, puedo medir más de 3 metros. No paso desapercibido. Mi nombre científico es Vultur gryphus, pero tengo otros nombres: Cóndor andino Cóndor de los Andes Kuntur También tengo apodos: Papá del Viento Limpiador de los Andes Calvito Elegante Mensajero del Cielo Cuando llegue un huevo nuevo, me tocará alejarme.

32 Quisiera ser una porque… parihuana … sería rescatista en las inundaciones. Volaría sobre la zona para encontrar enseguida a quienes necesitaran ayuda y luego bajaría al agua para acercarles cuerdas y flotadores con mi pico. Con mis patas larguísimas avanzaría por el agua y vigilaría que todos estuvieran a salvo. Aunque parezca delicada, estoy hecha para pasar largas horas entre el agua, el viento y el frío de los Andes. Mi color rosado viene de lo que como. Sin esos alimentos, sería mucho más pálida. A nuestras crías les damos una papilla rojiza producida en el buche. No es batido de fresa: es comida de parihuana. Mis pies tienen membranas, como remos, para moverme mejor en el agua y el lodo. Mis patas largas me permiten caminar por aguas poco profundas sin empaparme entera. Puedo dormir o descansar sobre una pata. No es magia: es equilibrio de parihuana. Espero que esto baste para darte color.

33 La parihuana vive en humedales, lagunas altoandinas y zonas costeras. Se alimenta de pequeños organismos acuáticos. En el Perú está considerada casi amenazada por la pérdida y alteración de humedales, la contaminación, la perturbación de sus zonas de reproducción y los cambios en el nivel del agua. Dicen que nuestros colores inspiraron la primera bandera del Perú. Hago nidos de barro, como pequeños volcanes en la laguna. Vuelo con el cuello y las patas estiradas. Mi pico no está torcido por accidente: está hecho para filtrar alimento del agua y el barro. Mi nombre científico es Phoenicopterus chilensis, aunque también me llaman: Parihuana Flamenco chileno Flamenco austral También tengo apodos: Bandera de Alas Estatua Rosada Reina del Equilibrio Volamos en grupo y podemos recorrer grandes distancias entre humedales. Somos libres, seámoslo siempre.

34 Quisiera ser una porque… vicuña … sería una modelo peruana de talla internacional. Esbelta, elegante y de cuello largo, desfilaría por las pasarelas más famosas luciendo la mejor fibra del Perú. Todos querrían saber el secreto de tanta clase y yo respondería: «¡Viene de los Andes!». Y, cuando terminara el desfile, volvería a la puna a jugar a las chapadas: ¡a ver quién me alcanza! ¡Ni el puma! No soy una llama chiquita ni una alpaca flaquita: soy una vicuña. A diferencia de ellas, no soy un animal doméstico. Mi pelaje me protege del frío, la lluvia y el viento. Mis patas tienen almohadillas que me ayudan a caminar sobre terrenos duros y pedregosos. Pantuflas andinas. Mi fibra está entre las más finas del mundo. Comparado con ella, un cabello humano parece soga de barco. Represento al reino animal en el Escudo Nacional del Perú. ¿Delicada, yo? Vivo en la puna, entre el frío, el viento y la altura. A mí el soroche me saluda.

35 La vicuña habita las zonas altoandinas del Perú y se alimenta principalmente de pastos de la puna. Sus poblaciones se han recuperado gracias a programas de conservación, pero todavía necesita protección frente a la caza furtiva, la pérdida de hábitat y el comercio ilegal de su fibra. Mi principal técnica de defensa contra depredadores es estar alerta... ... y correr. Vivo en grupos familiares formados por un macho, varias hembras y sus crías. En el chaccu nos conducen hasta un corral temporal, nos esquilan con cuidado y luego volvemos libres a la puna. Corte de pelo sí; encierro, no. ¡Solo las puntitas! Mi nombre científico es Vicugna vicugna, aunque también me llaman: Vicuña Wik’uña Y tengo apodos: Corredora del Ichu Nube Andina Auquénido de Alta Costura

36 Quisiera ser una porque… taruca … sería guía de montaña. Subiría por cerros, quebradas y caminos pedregosos sin tropezar ni cansarme. Con mis patas firmes encontraría las rutas más seguras y llevaría a todos por los Andes sin perderlos de vista. Eso sí, tendrían que caminar rápido para no quedarse atrás. Soy esquiva y prefiero mantenerme lejos de las personas. Mi pelaje es grueso y denso. No uso casaca: llevo mi abrigo andino pegado al cuerpo. Tengo glándulas de olor en las patas traseras. Perfume de taruca, edición montaña. Mis pezuñas me ayudan a caminar por laderas, piedras y caminos empinados. A los machos se nos caen las astas y luego vuelven a crecer. Es como cambiar de corona cada cierto tiempo. No corro por gusto: si algo me asusta, salto entre rocas y desaparezco rápido. Puedo vivir en zonas muy altas, donde el frío, el viento y las subidas son como la chancla de mamá: no perdonan.

37 La taruca es un venado silvestre de los Andes que se alimenta de pastos, hojas y brotes. En el Perú está considerada vulnerable y enfrenta amenazas como la caza, la pérdida de hábitat, la competencia con el ganado y la presencia de perros. Mi nombre científico es Hippocamelus antisensis, aunque también me llaman: Taruca Venado andino Huemul del norte Ciervo andino También tengo apodos: Saltarina de los Andes Venadita de Altura Orejas de Radar Reno del Ekeko Mi color pardo grisáceo me ayuda a confundirme entre piedras, ichu y pajonales. Mis orejas son largas y móviles. Las uso como radares para escuchar cualquier ruido extraño.

38 Quisiera ser un porque… puma … sería una estrella de la lucha libre. Subiría de un salto a las cuerdas, entraría al ring sin hacer ruido y vencería a rivales mucho más grandes que yo. Y, aunque apagaran las luces para hacer trampa, seguiría viendo como si tuviera linternas escondidas en los ojos. ¡Nadie podría sorprender al Puma de los Andes! No soy un león pequeño ni un gato perdido. Soy un felino solitario que puede vivir en montañas, bosques, desiertos y otros ambientes de América. Si me sobra comida, la escondo bajo hojas, tierra o ramas y regreso después. Es mi táper salvaje. Mi cola larga me ayuda a mantener el equilibrio cuando salto, corro o giro entre rocas. Mis patas traseras son poderosas: salto hasta 12 metros de largo y más de 5 metros de alto. Marco mi territorio con olor, pis y popó. Mis mensajes no van por celular: se leen con la nariz.

39 Mis garras se esconden cuando camino y salen cuando necesito trepar, cazar o defenderme. El puma se alimenta de mamíferos, aves y otros animales, por lo que ayuda a controlar sus poblaciones y mantener el equilibrio de los ecosistemas. En el Perú está considerado casi amenazado. Sus principales amenazas son la pérdida y fragmentación de su hábitat, la disminución de sus presas, la caza y los conflictos con las personas por ataques al ganado. En los cuentos andinos, a veces aparezco junto al zorro: él presume de astuto, pero yo soy la fuerza silenciosa del cerro. No rujo como un león. Puedo ronronear, silbar, gruñir y emitir sonidos parecidos a maullidos. Mi nombre científico es Puma concolor, pero también me llaman: Puma León de montaña León americano Cougar Mis apodos: Gato Gigante Saltador de Montañas Fantasma del Cerro Rey sin Melena

40 Quisiera ser un porque… zorro andino … sería detective de cosas perdidas. Con mi nariz poderosa encontraría las llaves, mis colores, el borrador y ese juguete que «estaba aquí hace un ratito». Mi mamá no alcanzaría a preguntar «Y si yo lo encuentro, ¿qué te hago?», porque yo ya habría seguido el rastro. Incluso descubriría dónde esconden los dulces. Y, como los zorros de los cuentos andinos, siempre tendría una aventura que contar. Soy adaptable y sé desenvolverme en paisajes muy distintos. Suelo moverme solo y recorro grandes distancias en busca de alimento. Tengo nariz de detective: si algo huele raro, yo ya estoy investigando. Mi cola no es adorno: me ayuda a mantener el equilibrio y también sirve para espantar moscas. Mi pelaje me ayuda a confundirme con los colores del cerro. Camuflaje andino, edición atardecer. En los cuentos siempre dicen que soy el malo, pero termino pagando pato. Entonces, ¿me regalas el queso que está en el pozo? Sí, pero ve por él en la noche de luna.

41 El zorro andino vive en distintas zonas de los Andes y otros ambientes abiertos del Perú. Se alimenta de pequeños animales, insectos, frutos y carroña, y también puede dispersar semillas. Es fauna silvestre: no debe capturarse ni tenerse como mascota. Repitan conmigo: ¡los zorros no son mascotas! Y también ¡las gallinas son de los zorros! Mis orejas están siempre atentas. Chisme que suena en la puna, chisme que escucho. Puedo moverme por cerros, rocas y pajonales. Gimnasio natural, sin pagar mensualidad. Mi nombre científico es Lycalopex culpaeus, aunque también me llaman: Zorro andino Zorro colorado Zorro culpeo Culpeo Atoq También tengo apodos: Detective de la Puna Tramposo de los Cuentos El Casi Perro Cola Quemada Zorros famosos del Perú. Run Run J. M. Arguedas

42 Quisiera ser una porque… vizcacha … sería esponjosa como un peluche andino. Todos querrían abrazarme y, cuando hiciera frío, me acomodaría junto a mis papás y diría: «Tranquilos, llegó la calefacción con bigotes». También tendría patas saltarinas para brincar de piedra en piedra y de banca en banca sin cansarme. Después buscaría una roca calientita para tomar sol con toda mi familia. No soy un conejo, aunque tenga orejas largas. Soy una roedora andina emparentada con las chinchillas. Mi pelaje se parece al color de las piedras. Si me quedo quieta, casi desaparezco. Mis bigotes me ayudan a sentir los espacios estrechos entre las rocas. Puedo dar grandes saltos cuando me asusto. Mi cola parece plumero, pero no es para limpiar: me ayuda a mantener el equilibrio entre las rocas. Mis dientes delanteros nunca dejan de crecer, por eso necesito roer para desgastarlos.

43 La vizcacha habita zonas rocosas de los Andes y se alimenta principalmente de pastos, hojas y otras plantas. Suele vivir en grupos. La pérdida y fragmentación de su hábitat, la caza y la presencia de perros pueden afectar algunas de sus poblaciones. Mi nombre científico es Lagidium peruanum, aunque también me llaman: Vizcacha Vizcacha andina También tengo apodos: Peluche Andino Saltarina del Cerro Orejotas de Roca Si me asusto, puedo lanzar un chillido agudo para avisar a las demás: «¡Peligro en el cerro!». Mi casa parece un laberinto de piedras, pero yo conozco todas las salidas. Mis orejas grandes me ayudan a estar alerta. En los Andes, escuchar bien puede salvarte. Además me gusta el chisme.

44 Quisiera ser una porque… chinchilla de cola corta … sería una espía infiltrada. Entraría a escondidas en cualquier guarida para descubrir secretos y, si alguien me sorprendiera, me quedaría quietecita haciéndome pasar por un peluche. ¿Quién podría resistirse a llevarme a su cuarto? Escucharía todo sin mover un bigote y esperaría el momento preciso. Cuando cayera la noche, escaparía sin hacer ruido. Soy un roedor andino de hábitos principalmente nocturnos: descanso buena parte del día y me activo cuando cae la noche. Si me mojan, mi pelaje tarda mucho en secarse. Por eso mi spa favorito es de polvo, no de burbujas. Mi cola es gruesa y peluda. No sirve para colgarme como mono, sino para equilibrarme cuando salto entre rocas. Si un depredador me agarra, puedo soltar mechones de pelo y escapar. Le dejo recuerdo, pero no cena. Tengo bigotes largos para sentir mi camino. Tengo tantos pelitos juntos que parezco una nube. Qué digo nube: ¡un peluche de nube! Y más: ¡el peluche de una nube de peluche!

45 La chinchilla de cola corta habita zonas altas, secas y rocosas de los Andes. Se alimenta principalmente de hierbas y arbustos y está adaptada a las bajas temperaturas. La caza intensa por su piel redujo gravemente sus poblaciones silvestres, por lo que necesita protección para asegurar su conservación. Mi nombre científico es Chinchilla chinchilla, aunque también me llaman: Chinchilla de cola corta Chinchilla andina Chinchilla real También tengo apodos: Peluche del Peluche Nube con Bigote Abrigo Viviente Mis patas están hechas para moverme entre rocas. No uso zapatillas antideslizantes: nací en modo cerro. Mis dientes nunca dejan de crecer. Por eso necesito un sacapuntas o roer y roer. Mi fama de pelaje suave casi me hizo desaparecer. Puedo vivir en grupos. Si veo peligro, aviso con sonidos. ¡Alarma de peluche activada! Los invitaría a pasar a mi departamento, pero no esperaba visitas en mi grieta. ¡Lo siento!

46 Quisiera ser un suri … sería un maratonista olímpico. Con mis patas larguísimas cruzaría la puna sin bicicleta ni zapatillas especiales. Mientras los demás se cansaran, yo seguiría corriendo como si nada. Además, si jugara a las chapadas, nadie me alcanzaría. Daría una vuelta, levantaría polvo y todos dirían: «¡Apunten la placa!». Ganaría todas las carreras del colegio, aunque tendrían que inventar una medalla especial para patas de suri. Soy el ave más grande del Perú. Mis alas no sirven para volar, pero me ayudan a mantener el equilibrio al correr. Además, con tanto plumaje, parezco listo para un desfile de invierno. Con estas patas largas corro más rápido que un campeón de carreras. Y sin zapatillas, sin buzo y sin calentar. porque… Mi cuello largo me ayuda a mirar por encima de los pastos y detectar peligros a distancia. Mi nombre científico es Rhea pennata, pero también tengo otros nombres: Suri Ñandú andino Ñandú de Darwin Ñandú petiso Y algunos apodos: Avestruz de la Puna Plumero Andino El Correcerritos «bip-bip»

47 Para cuidar mis plumas, me doy baños de arena. No salgo oliendo a flores, pero quedo limpio a mi manera: mientras tú usas peine, agua y toalla, yo uso tierra, polvo y una buena sacudida. El suri es un ave no voladora que vive en la puna y otras zonas altoandinas del sur del Perú. Recorre paisajes abiertos, donde se alimenta de plantas, semillas, frutos pequeños e insectos. Está en peligro crítico por la pérdida y fragmentación de su hábitat, la caza y la recolección de sus huevos. No duermo en árboles ni en cama: descanso en el suelo de la puna. ¿Cómo? ¿Tú te bañas con agua? Mis huevos son grandes. Huevo de suri. Huevo de gallina. Yo incubo los huevos y cuido a los polluelos. Papá suri no solo ayuda: ¡se hace cargo! Cuando como frutos, algunas semillas caen al suelo y pueden convertirse en nuevas plantas.

48 Quisiera ser una porque… rana gigante del Titicaca … exploraría las profundidades del lago Titicaca en busca del lugar del que, según la leyenda, surgieron Manco Cápac y Mama Ocllo. Tal vez encontraría un reino perdido, palacios bajo el agua, tesoros escondidos y hasta una princesa. Y, si quisiera besarme para convertirme en príncipe, le diría: «Gracias, pero me encanta cómo soy y estoy orgulloso de mi apariencia. Puedo ser tu príncipe sin tener que cambiar». Mis ojos están muy arriba de la cabeza. Así puedo mirar sin sacar todo el cuerpo. Puedo alcanzar unos 50 centímetros. ¡Una rana en tamaño gigante! No mastico como tú. Si encuentro comida, abro mi bocota y hago: ¡glup! Como animal acuático, encuentro alimento entre piedras, lodo y plantas del lago. Mis patas traseras son largas y palmeadas. El real buzo soy yo. Mis arrugas me ayudan a respirar bajo el agua: por mi piel entra oxígeno del lago.

49 Paso toda mi vida en el agua. ¿Salir a tierra? Casi nunca. El agua fría del Titicaca no me asusta: estoy adaptada a vivir a gran altura y con poco oxígeno. La rana gigante del Titicaca vive exclusivamente en el lago Titicaca y sus alrededores acuáticos. Se alimenta de pequeños animales del lago. Está en peligro crítico debido a la contaminación, las enfermedades, la pérdida de hábitat y la captura ilegal. Cuando necesito más oxígeno, hago movimientos como flexiones para que pase agua fresca sobre mi piel. No me conviertas en jugo ni remedio. No curo enfermedades: lo que necesito es que curen mi lago. Mi nombre científico es Telmatobius culeus, aunque también me llaman: Rana gigante del Titicaca Rana acuática del Titicaca También tengo apodos: Rana Arrugada Gigante del Lago Piedra con Ojos Buceadora del Titicaca Son blanditos y viscosos. ¡Gelatina de lago! Mis huevos son fecundados en el agua y pueden quedar sujetos a la totora o a otras plantas.

50 Quisiera ser un porque… perro sin pelo del Perú … podría saber mucha historia peruana. Mis antepasados ya aparecían en huacos de hace muchísimos años, así que quizá conocería algunos secretos de las culturas antiguas. Podría oler quién pasó por allí hace rato y escuchar hasta el ruido más pequeño. Sería un detective de cuatro patas, con orejas atentas, nariz poderosa y un mechoncito de pelo para no perder el estilo. Además, como no tendría pelaje, el calor de mi piel se sentiría enseguida y abrazarme sería delicioso. No soy una medicina. Durante mucho tiempo, algunas familias peruanas han creído que el calor de mi piel puede aliviar dolores de huesos y reumatismo. Pero no prometo curar nada: soy un viringo tibiecito, cariñoso y con mucha historia. No soy cualquier perrito: llevo miles de años acompañando a los peruanos. Como casi no tengo pelo, mi piel queda mucho más expuesta al sol. Por eso necesito sombra y cuidados. En mi familia, algunos nacen calatos y otros con abrigo incorporado. Y yo no tengo dónde ocultarme. Tengo piel, no pelaje.

51 El perro sin pelo del Perú es una raza originaria de nuestro país, presente desde tiempos de antiguas culturas peruanas. Su escasez de pelo se debe a una característica genética que también puede influir en su dentadura; por eso, algunos viringos tienen menos dientes que otros perros. Hoy es reconocido como parte del patrimonio cultural del Perú. Algunos tenemos un mechoncito en la cabeza, las patas o la cola. Puedo tener varios colores: negro, gris, bronce, cobrizo, marrón o claro, con manchas o sin ellas. A veces me faltan algunos dientes, pero no dejo de sonreír. Mediano Tú tienes selfis; yo tengo retratos en huacos. Como todos los perros domésticos, pertenezco a la especie Canis familiaris, pero también tengo otros nombres: Perro sin pelo del Perú Perro peruano sin pelo Viringo Perro calato Puedo tener diferentes tamaños: Grande Y varios apodos: Don Calato Estufita con Patas Guardián de las Huacas Patrimonio con Cola Tobogán de Pulgas Pequeño

52 Quisiera ser un porque… cuy … sería pequeño, rápido y casi imposible de atrapar cuando no quisiera bañarme ni dejar de jugar. Podría esconderme en una caja, debajo de una manta o detrás de una papa, y todos dirían: «¿Dónde está el cuy?». Pero yo estaría allí, quietecito, usando mi superpoder: parecer una bolita peluda que no sabe nada. Además, tendría bigotes para explorar el mundo, orejitas listas para escuchar si alguien está comiendo a escondidas y una carita tan tierna que, si hiciera travesuras, tal vez nadie se enojaría mucho. No soy juguete ni peluche con bigotes. Soy pequeño, comelón, curioso y bastante veloz cuando quiero. Tengo bigotes sensibles: me ayudan a explorar rincones sin chocar mi nariz. A veces como unas heces blandas especiales para aprovechar mejor los nutrientes. Suena feo, pero es útil. ¡Yami, yami! Mi nombre parece venir del sonido que hago: «Cui, cui». Así como los perros descienden de los lobos, yo posiblemente desciendo del salvaje poronccoy. Hago hasta 100 bolitas de popó al día. Mi barriga no pierde el tiempo. Mis dientes nunca dejan de crecer. Por eso necesito roer. Tengo cuatro dedos adelante y tres atrás. No es error de fábrica: es diseño andino.

53 El cuy es un roedor doméstico originario de los Andes y su relación con las poblaciones andinas se remonta a tiempos prehispánicos. Se han encontrado restos de cuyes en antiguos sitios arqueológicos del Perú, como Ayacucho y Kotosh, en Huánuco. Su crianza continúa siendo importante en muchas comunidades andinas. Celebramos el Día Nacional del Cuy el segundo viernes de octubre. Si juntan machos y hembras, pronto habrá cuyes, cuyecitos y cuyecititos. Mi nombre científico es Cavia porcellus, pero también me llaman: Cuy Cuyi Cuye Cobayo Conejillo de Indias En algunas ferias, participamos en una tómbola: entramos en una casita numerada y todos esperan saber cuál elegimos. En algunas fiestas me ponen poncho, sombrero y cara de «¿yo pedí esto?». Nacemos con pelo, los ojos abiertos y ganas de correr. Mi carne tiene mucha proteína y poca grasa: soy pequeño, pero muy nutritivo. Mis apodos: Bolita con Patas Señor Bigotes Don Cui-Cui Papa Peluda El Detective de la Alfalfa

54 Quisiera ser una porque… llama … sería la mejor compañera de excursiones. Mientras otros dijeran «¡me cansé!» o «¡me pesa la mochila!», yo avanzaría tranquila, con mi cuello alto y mi abrigo de lana. Ayudaría a llevar loncheras, casacas y hasta la pelota. No sería tan rápida como un caballo, pero tendría fuerza y resistencia para seguir caminando paso a paso hasta llegar a la meta. Y, si alguien me molestara demasiado, tendría una defensa secreta: escupir. Pero procuraría hacerlo solo para defenderme. Mi lana no es adorno: me abriga en el frío de los Andes. Si me molestan mucho, puedo escupir. No tengo cascos como un caballo: tengo almohadillas suaves para caminar por terrenos difíciles. Hago popó en bolitas, y muchas llamas usamos lugares parecidos como baño común. Mi estiércol sirve como abono y combustible. Cuando escupo, no siempre sale solo saliva: a veces también va comida medio digerida. ¡Puaj andino! Mi nombre científico es Lama glama, pero también me llaman: Llama Llama andina Llama doméstica Mis apodos: Mochila con Patas Señora del Cerro Escupidora Elegante

55 Hace miles de años que acompaño a las personas en los Andes. Hemos recorrido juntos caminos, pueblos y montañas. La llama es el camélido doméstico más grande de los Andes. Las comunidades altoandinas la crían como animal de carga y aprovechan su fibra y carne. Está adaptada al frío, la altura y los caminos difíciles de la puna. Si pongo las orejas hacia atrás, cuidado: quizá estoy molesta y mi escupitajo está cargando. Mi cuello largo me ayuda a mirar lejos, como si llevara un mirador incorporado. No soy silvestre, como tú... comprenderás: vivo criada por las personas. Los cronistas contaron que en el Coricancha había un jardín con llamas, plantas y pastores hechos de oro y plata. ¡Hasta en metal precioso quisieron retratarme! Puedo hacer que la comida vuelva del estómago a mi boca para masticarla otra vez con calma.

56 Quisiera ser un porque… delfín rosado … sería como un superhéroe de los ríos. Podría nadar rapidísimo, moverme por aguas oscuras y no perderme aunque el río pareciera una sopa de chocolate. En la piscina nadie podría atraparme: me hundiría, aparecería por otro lado y todos dirían: «¡Eso no vale, tiene poderes de delfín!». También haría piruetas, saltaría y giraría como si el río fuera mi escenario. Solo me faltaría saludar con la aleta. Soy uno de los pocos delfines del mundo adaptados a vivir en agua dulce. No vivo en el mar: mi reino es el río. Respiro por un espiráculo. ¡Mi nariz está arriba! Tengo el cuello más flexible que otros delfines: puedo mirar entre ramas sin girar todo el cuerpo. Cuando el bosque se inunda, nado entre sus raíces como si fueran túneles de aventura. Uso la ecolocalización, como los submarinos, para orientarme y buscar alimento.

57 El delfín rosado vive en ríos, cochas, lagunas y bosques inundados de la Amazonía. Se alimenta de peces y otros animales acuáticos y ayuda a mantener el equilibrio de estos ecosistemas. Está amenazado por la contaminación, la pesca, el tráfico de embarcaciones, la pérdida de hábitat y el mercurio. Mi hocico largo no es por chismoso: me ayuda a buscar comida entre raíces, ramas y barro. De día, bufeo. De noche… mejor no preguntes. En las leyendas amazónicas dicen que puedo convertirme en persona, ir a las fiestas y regresar al río antes del amanecer. Yo no confirmo nada… pero nadie supera mi ritmo. Somos curiosos y juguetones. No todo en el río es trabajo: también hay recreo. Algunos nacemos grises y podemos volvernos más rosados con los años. O sea, maduramos como fruta rara. Sí somos igualitos, hijito. Mi nombre científico es Inia geoffrensis, pero también me llaman: Delfín rosado amazónico Delfín del Amazonas Bufeo colorado Boto Tonina Mis apodos: GPS Amazónico Pinocho del Río Mazamorra de Fresa con Aletas Bufeo Bailarín

58 Quisiera ser un porque… manatí amazónico … podría pasarme el día nadando en el río sin que nadie me dijera: «¡Sal del agua, que ya es tarde!». Flotaría tranquilo, daría vueltas despacito y movería mi cola como un remo gigante. Si me diera hambre, comería las plantas acuáticas que encontrara en el camino. Además, tendría bigotes sensibles para explorar el agua turbia. Y, si alguien dijera: «¡Parece una sirena!», yo respondería: «Casi, pero más redondito y comelón». Me dicen vaca marina, pero no vivo en el mar. Soy tranquilo, paso buena parte del tiempo bajo el agua y casi nunca tengo prisa. Cuando estoy tranquilo o dormido, puedo permanecer muchísimos minutos bajo el agua antes de volver a respirar. Mis bigotes me ayudan a sentir el mundo en aguas oscuras y turbias. Mi cola parece un remo gigante. Con ella avanzo lento, pero seguro. Mis muelas se desgastan al masticar plantas, pero siempre llegan otras para reemplazarlas. Como tantas plantas que también hago bastante popó. Ese popó devuelve nutrientes al río.

59 El manatí vive exclusivamente en la cuenca amazónica, en ríos, cochas y bosques inundados. Se alimenta principalmente de vegetación acuática. Está en situación vulnerable por la caza, la captura de crías, la contaminación, la pérdida de hábitat y las redes de pesca. Mi nombre científico es Trichechus inunguis, aunque también me llaman: Manatí amazónico Vaca marina amazónica Manatí de río También tengo apodos: Almohada del Río Bigotón Acuático Sirena de Talla Grande Jardinero del Amazonas Puedo comunicarme con sonidos suaves, especialmente entre mamá y cría. Mis orificios nasales se cierran bajo el agua. Cuando subo, respiro y sigo nadando. No soy un pez: soy un mamífero. Respiro aire y, cuando soy bebé, tomo leche de mi madre. No soy rápido: mi defensa es ser discreto y quedarme en aguas tranquilas. Mi piel parece lisa, pero tengo pelitos finos. Me ayudan a sentir el agua que me rodea.

60 Quisiera ser un porque… paiche … sería el rey de los peces de la Amazonía. Avanzaría tranquilo por el río, como diciendo: «Abran paso, llegó el paiche». Sería enorme, fuerte y respetado, y todos sabrían que cuando aparezco conviene hacerse a un lado. Si alguien dijera: «¡Mira ese pez gigante!», yo respondería: «¿Pez nomás? Paiche, señor». Y tendría mi propio séquito de pececitos siguiéndome… aunque no demasiado cerca, porque podría confundirlos con la cena. Puedo alcanzar cerca de 3 m y unos 200 kg. No soy pececito: soy tamaño familiar. Puedo lanzarme fuera del agua para atrapar alimento. Misil amazónico en acción. Mis escamas y huesos también pueden usarse en artesanía. Mi cola es poderosa: con un coletazo levanto un tremendo chapoteo. Mi nombre científico es Arapaima gigas, pero también me llaman: Paiche Pirarucú Arapaima Mis apodos: Titán de Agua Dulce Pez con Armadura Tanque de Escamas Soy uno de los peces de agua dulce más grandes del mundo.

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