Principios de microeconomía

intertemporal se da cuando gastamos ahora y, al mismo tiempo, planeamos ahorrar en el futuro. En otras palabras, tenemos la esperanza de que nuestro comportamiento en el futuro sea más frugal (paciente) en comparación con la forma en la que actuamos en el presente. Otra forma de inconsistencia intertemporal es comprar lo que nos da la gana ahora (alcohol, cigarros, dulces, etcétera) y planear gastar el dinero de manera más responsable (pagar los colegios, comprar pastillas de cloro, reparar la casa, etcétera) en el futuro. En términos generales, esto quiere decir que el ser humano tiene la tendencia a procrastinar, es decir, a postergar las decisiones que implican disciplina, a «dejar para mañana lo que puede hacer hoy». Ha habido experimentos en los que se trata de corregir la procrastinación de las personas pobres. Por ejemplo, en uno de ellos se vendieron cupones en época de cosecha a los agricultores para que ellos pudieran intercambiarlos por fertilizante cuando lo necesitaran y el fertilizante se les entregaría in situ. El experimento funcionó, pues dobló el número de agricultores que usaron fertilizantes, pero, aun así, esto no explica por qué ellos, de propia iniciativa, no compran los fertilizantes. Algunos arguyeron, con razón, que cuando ellos tenían el dinero (después de la cosecha) no había disponibilidad de fertilizantes. En el caso de los vendedores ambulantes también se hizo el experimento de pagarles el préstamo diario. Por un tiempo los ambulantes estuvieron libres de deudas, a las diez semanas el 40% todavía estaba libre de deudas, pero eventualmente todos volvieron a endeudarse y no volvieron a salir más de ellas. Las razones más comunes que dieron para volver a endeudarse son los gastos por emergencias o imprevistos que, dado el alto riesgo que enfrentan los pobres, son comunes en sus vidas. Esta asimetría entre poder estar por un tiempo libre de deudas, pero ser incapaz de salir de ellas una vez que se cae en deuda, muestra el rol que el desaliento y el pesimismo juegan en la vida de los pobres, lo que hace más difícil aún mantener la disciplina y el autocontrol necesarios para ahorrar. Es lamentable que los pobres, como es el caso de los vendedores ambulantes y los campesinos que dejan de comprar fertilizantes debido a incidentes comunes en sus riesgosas vidas, caen en trampas de pobreza de las cuales les es muy difícil salir debido al pesimismo y al estrés imperante en la situación de extrema pobreza, la misma que los sume en ese equilibrio de bajo nivel que denominamos trampa de pobreza. 715

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