¿Qué hacer ante esta realidad? Lo ideal sería crear mercados de seguros contra el mal clima, contra la muerte intempestiva de animales, seguros de salud, etcétera, pero esta no es tarea fácil pues los seguros están generalmente sujetos a dos tipos de comportamientos oportunistas: riesgo de negligencia (moral hazard) y selección adversa, los cuales hacen inviables la instalación de mercados de seguros en las comunidades si predominan. Estos problemas no son privativos de los pobres pero se amplifican en sus ambientes por la falta de regulación. Por ejemplo, el riesgo de negligencia implica que cuando los asegurados se aseguran, cambian sus comportamientos (los campesinos no se dedican mucho a sus chacras, no cuidan mucho sus animales, las familias no cuidan mucho su salud pues están cubiertos por el seguro, etcétera). El problema de selección adversa surge si el seguro no es obligatorio para todos, pues los que tienen incentivo a asegurarse son solo los que van a necesitar del seguro; y si, por ejemplo, la compañía de seguros asegura solo a los muy propensos a enfermarse, a ella no le va a interesar entrar en ese negocio. El tercer problema que se puede dar y de hecho se ha dado, son los reclamos fraudulentos de seguro. Se ha dado un caso en el que una empresa de microfinanzas organizó un seguro contra la muerte de animales y, al cabo de un tiempo, todos los asegurados reclamaron por la muerte de sus animales aunque no era verdad. Sin embargo, algunos tipos de riesgo son más fáciles de asegurar: aquellos riesgos que son fáciles de identificar objetivamente y que dejan poco margen para el comportamiento oportunista. En esta categoría están, por ejemplo, los riesgos contra el mal clima, porque este se puede definir de manera objetiva por la caída de lluvia. O el riesgo catastrófico de salud, que requiere ir a un hospital para ser atendido y mejor si este hospital está dentro de la cadena de hospitales del asegurador, lo que facilita la comprobación de que el problema es real. Se podría avanzar algo en el campo de los seguros, pero los pobres por lo general no quieren pagar por los seguros por dos razones: primero, porque están esperando que cada vez que haya una catástrofe vaya el gobierno a auxiliarlos; segundo, porque la decisión sobre el seguro es una decisión intertemporal que pagas ahora contra un beneficio futuro incierto, y como los pobres y la mayoría de la población tienen sus preferencias sesgadas hacia el presente, a pocos les interesa pagar por seguros. A veces me pregunto qué diferente habría sido la reconstrucción después del 706
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