Los pobres enfrentan esta difícil situación con inteligencia e ingeniosidad pero, por las restricciones que enfrentan, no llegan a soluciones eficientes para lidiar con los problemas de riesgo. Ellos enfrentan estos riesgos principalmente diversificando sus actividades. En una familia típica pobre hay tres personas que trabajan y las tres que trabajan realizan siete ocupaciones diferentes. Dividen sus tierras en chacras en diferentes microclimas, rentan tierras, entre siembra y cosecha trabajan de trabajadores eventuales o en trabajos manuales, etcétera. Los pobres son «mil oficios». Esto tiene la ventaja de ayudarlos a reducir la probabilidad de tener caídas drásticas de ingresos y así evitar ingresar en una trampa de pobreza, pero tiene la desventaja de no permitirles acumular experiencia y especialización en los trabajos que desempeñan, manteniéndolos en situación de trabajadores no calificados con ingresos mínimos de subsistencia. «Hoy por ti, mañana por mí»: para lidiar con la inestabilidad de sus ingresos los pobres también organizan sistemas de ayuda mutua equivalentes a los seguros recíprocos. Dentro de sus comunidades se prestan entre ellos y los intereses que cobran se ajustan a la precariedad de la situación de los deudores. Los préstamos son relacionados principalmente a los resultados de las cosechas para el bienestar recíproco de los participantes, que parecen actuar bajo el dictum: «hoy por ti, mañana por mí». Por esta razón estos seguros no cubren riesgos individuales, como problemas de salud catastróficos, que no garantizan la reciprocidad futura del repago del servicio. Además, este tipo de seguro es de alcance limitado pues si surge un riesgo sistémico en la comunidad todos pierden y no hay quien preste a nadie. Los pobres además son adversos al riesgo, quizás por tantos golpes que una vida llena de riesgos les ha infligido. Esto los hace conservadores en sus decisiones de, por ejemplo, usar fertilizantes o nuevas semillas híbridas, y así se quedan muchas veces produciendo con técnicas tradicionales poco productivas. Más aún, si quieren ahorrar luego de la cosecha para poner fertilizantes en la época de siembra, no tienen muchos medios para hacerlo (no hay instituciones financieras de ahorro a su disposición) o carecen de la disciplina necesaria pues, como todos nosotros, están inclinados a pensar más en el presente que en el futuro. Todo esto hace que les sea difícil salir de la pobreza crónica en la que se encuentran. 705
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