familiar. Se ha demostrado que si los instrumentos de planificación familiar se presentan en conjunto a la pareja, el uso de anticonceptivos es menor que si se presentan a la mujer sola. Otra consecuencia obvia es que si la mujer tiene más voz al interior de la familia, podrá controlar mejor el número de hijos que tiene. El poder de la mujer depende principalmente de su educación y de que tenga fuentes propias de ingreso. Otra traba contra la que la mujer tiene que luchar son las normas sociales y religiosas. En estos casos, el ejemplo externo de mujeres con control de su sexualidad que se convierten en modelos para la comunidad ha probado tener un impacto decisivo para que la mujer pueda planificar su familia con libertad. Otro plano donde se podría pensar que hay descontrol de la natalidad es en las madres adolescentes. En este caso la evidencia empírica demuestra que las adolescentes toman sus propias decisiones sobre su fertilidad y su sexualidad, encuentran maneras de controlarlas y responden a la nueva información para corregir sus errores. Hay varios estudios que comparan dos estrategias de control: la primera, dar educación sexual —incluyendo la abstinencia— a las niñas; y la segunda, simplemente informarles a las niñas que los hombres mayores tienen una probabilidad más alta de estar infectados con SIDA. Los resultados de los estudios muestran que la segunda estrategia fue más efectiva, lo que quiere decir que las niñas procesan información y deciden en base a ella sobre su comportamiento sexual. Finalmente, hay un elemento adicional que explica por qué las familias pobres tienen tantos hijos y este es que los padres ven a los hijos como una inversión a futuro. Como, a diferencia del resto de la población, los pobres no tienen pensiones de jubilación, ellos apuestan a que teniendo bastantes hijos algunos ellos estarán allí para apoyarlos en su vejez. Este razonamiento abarca tanto a los padres como a las madres en los estudios que se han llevado a cabo sobre el asunto. En resumen, podemos decir que las mujeres pobres sí tienen control sobre su reproducción aunque no haya anticonceptivos disponibles, pero estas decisiones están limitadas por la fuerza del marido al interior de la familia y por las normas sociales y religiosas, lo que a su vez implica que el acceso a anticonceptivos no es suficiente para lograr un control de la fertilidad efectivo. También podemos afirmar que usar a los hijos como seguro para la vejez es un hecho muy arraigado del comportamiento de los pobres. 703
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