dedican solo el 70% de sus ingresos a comprar comida, el resto lo reparten en festejos, salud, educación, etcétera. Es más, hay estudios que demuestran que la elasticidad gasto de la comida en los hogares pobres es menor a 1, está alrededor de 0.7, lo que quiere decir que si la familia aumenta su ingreso en 10% el gasto en comida aumenta solo en 7%, con lo que el presupuesto familiar asignado a la comida se reduce proporcionalmente cuando el ingreso crece. Hay que señalar, además, que cuando la gente gana dinero extra tiende a consumir menos calorías y más proteínas, menos papas o pan y más carne. Esto quiere decir que cuando el ingreso crece persistentemente, o sea, cuando la gente ya no es pobre, hay un cambio de comidas de menos calidad a comidas de mayor calidad y quizás más nutritivas. El hecho de que los pobres no estén en una trampa de pobreza basada en la desnutrición aguda no quiere decir que los pobres estén bien nutridos. Los pobres no deciden gastar sus limitados y volátiles ingresos en las comidas más nutritivas (por ejemplo, las que maximizan las calorías por sol gastado) sino, más bien, como todo el mundo, en las comidas que les gustan más (que no necesariamente son las más nutritivas, pero maximizan su utilidad marginal por sol gastado) y en otra variedad de cosas que les producen bienestar. George Stigler, premio Nobel de Economía, decía hace muchos años que una dieta rica en calorías es sumamente barata, alrededor de US$ 0.20 por día, pero es incomible, nadie la compra pues nadie puede estar comiendo solo cereales altos en calorías y plátanos todos los días, la gente necesita variedad aunque sea pobre. Debemos tener en cuenta que comer dietas sanas y altamente nutricionales no es una cosa fácil, la información sobre las mismas es difícil de conseguir aún para personas que no son pobres y tienen más educación y mayor acceso a la información que las personas de pocos recursos. Y más aún, una cosa es conseguir la información sobre alimentación nutritiva y otra cosa muy diferente es ponerla en práctica. Por último, hay que señalar que los pobres desconfían de gente que vienen de fuera de su entorno y trata de cambiarles sus hábitos de consumo. Los pobres en el Perú presentan desnutrición crónica y están en una trampa de pobreza por desnutrición de largo plazo, porque comen poco y comen mal. Un porcentaje importante de la población pobre es anémica, se fatiga rápido y tiene baja productividad. La desnutrición crónica limita el potencial de desarrollo, no solo de ellos sino también de sus hijos. Las madres desnutridas tienen hijos desnutridos y los niños desnutridos tienen 685
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