n 682 885 671 694 640 293 Urbana % n 13.5 168 051 15.6 200 555 16.2 209 178 14.2 Rural % n 47.1 514 833 45.7 471 139 44.3 431 115 40.3 Lima % 6.7 10.5 8.4 7.5 Costa % 17.1 14.5 21.3 13.0 Sierra % 41.7 42.4 39.8 37.5 Selva % 32.0 34.1 27.2 28.1 Q1 % 55.2 53.5 54.6 45.3 Q2 % 41.1 44.9 41.9 29.7 Q3 % 20.6 24.7 24.8 14.1 Q4 % 7.5 14.3 11.3 10.1 Q5 % 4.7 5.9 8.1 4.2 Fuente: Banco Mundial (2011). Perú: hacia más efectividad y coherencia en la red de protección social. Copia mimeografiada. Pasemos ahora hacer el diagnóstico analítico de la situación. La evidencia del Perú y buena parte del mundo en desarrollo muestra que no hay una trampa de pobreza basada en desnutrición aguda, como algunos arguyen y la cita arriba sugiere. Una trampa de pobreza basada en la desnutrición aguda significaría que la falta de nutrición (el insuficiente consumo de calorías y demás micronutrientes) hace que la familia entre en un círculo vicioso de baja nutrición, lo que implicaría una menor capacidad de generar ingresos y que esos pocos ingresos, a su vez, implicarían también una reducción en la capacidad de generar nutrición, de forma tal que la poca nutrición y los pocos ingresos se terminarían retroalimentando para llevar a la familia a una situación extrema de hambre. Esta es una situación extrema que no es común entre los pobres, pero sí se puede dar en los casos en los que hubo hambrunas generalizadas, como de hecho ha ocurrido y ocurre en algunos países de África, entre ellos Etiopía. El pasar hambre no es común entre los pobres (cuando nos referimos los pobres nos referimos a aquellos que consumen menos de US$ 1.25 por día per cápita), la prueba está en que, en el caso de nuestro país, los pobres 684
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx