apropiadas para salir de la pobreza de manera permanente. Vale decir, haremos primero economía positiva de la pobreza para luego poder hacer algo de economía normativa de la misma. Titulamos este capítulo «microeconomía de la pobreza» porque pensamos que la racionalidad de los pobres no es distinta a la de la población en general y que, más bien, lo que diferencia a los pobres del resto de la población son las restricciones que ellos enfrentan para salir de la pobreza y lograr una mejor vida. En realidad, los pobres por ser pobres sienten más la presión de la escasez y, por ello, están más motivados que el resto de la población a no dejar cabos sueltos en su comportamiento racional. Postulamos, entonces, que la pobreza existe porque los pobres carecen de las oportunidades de progreso que tiene el resto de la población. En otras palabras, una política que busque igualar las oportunidades de progreso de los pobres con las del resto de la población es el camino para erradicar o minimizar la pobreza en el país, pero esta requiere ser precisa y aterrizada a nivel microeconómico para ser efectiva. Este capítulo usa el análisis microeconómico de la pobreza entendido en un sentido amplio, abarcando la teoría estándar pero también la incertidumbre, la información incompleta y la economía del comportamiento para entender en profundidad la vida de los pobres. La parte empírica se sustenta en una enorme batería de rigurosos estudios de causa y efecto, los cuales han sido desarrollados desde hace más de una década usando principalmente el método de experimentos aleatorios controlados. El análisis microeconómico de la pobreza en el Perú muestra varios resultados, por ejemplo, que los ingresos de los pobres son muy bajos y altamente volátiles; que la generación de empleos formales estables en las regiones donde los pobres viven ha probado ser la manera más segura de aumentar y estabilizar sus ingresos; que los pobres no padecen hambrunas, pero presentan desnutrición crónica porque se alimentan poco y mal; o que la desnutrición crónica, unida a sus sesgos hacia la salud curativa en desmedro de la preventiva, debido a la inconsistencia intertemporal de sus decisiones y al ausentismo y baja calidad de los prestadores del servicio, explican la precariedad de la salud de los pobres. Además, el análisis microeconómico nos dice que la educación es de pésima calidad y el 80% de los alumnos de educación básica está desaprobado (esto último se debe a la percepción elitista de la educación, al ausentismo de profesores y alumnos y a la falta de rendimiento de cuentas en el sistema); que los 668
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