Peruanos en el mundo

laboral japonés, o que cambien la relación clientelista existente entre los peruanos (en particular los indocumentados de ascendencia no japonesa) y los contratistas. ARGENTINA La mayoría de los países latinoamericanos adoptaron políticas migratorias liberales después del periodo colonial. Sin embargo, solo Brasil, Argentina, Uruguay, y en menor medida Chile y Cuba, reclutaron inmigrantes activamente. Entre mediados y finales del siglo XVIII, estos países vieron en la inmigración un mecanismo con el cual conseguir colonos rurales y mano de obra barata para las plantaciones; pero para el temprano siglo XIX los inmigrantes ya se habían establecido en las áreas urbanas y estaban tomando empleos en las manufacturas (Kritz & Gurak, 1979, pp. 409-410). Sudamérica experimentó, en consecuencia, una inmigración masiva de europeos, la cual se convirtió en el preludio de la explosión demográfica del continente en el siglo XX (Sarramone, 1999). En este contexto, la Argentina estuvo entre estos países y absorbió el 10% de todos los inmigrantes europeos a América entre 1830 y 1950 (Mera, 1998, p. 30). En efecto, a comienzos del siglo XX, este país tuvo una de las tasas más altas de crecimiento demográfico en el continente, cuando su población crecía 3,1% al año (Bakewell, 1997, p. 413). Para 1950, la inmigración europea a Argentina había perdido ímpetu y un nuevo patrón migratorio había surgido. En lugar de recibir inmigrantes del Viejo Continente, el país experimentó el ingreso cada vez más grande de trabajadores extranjeros de la región vecina, sobre todo de Paraguay, Chile y Bolivia (Balán, 1988, pp. 221-223; Benencia & Karasik, 1995, pp. 7-17; Mera, 1998, p. 32). Esta inmigración fue mayormente espontánea e incontrolada, y coincidió en general con el flujo migratorio de los argentinos nativos, que se desplazaban en este mismo periodo de las áreas rurales hacia Buenos Aires y a otras ciudades (Marshall, 1979, p. 488). Este flujo poblacional cayó entre 1970 y 1980, pero comenzó a crecer nuevamente a finales de esta última década. En general, desde la Segunda Guerra Mundial la Argentina experimentó las mismas tendencias migratorias que el resto de América Latina: la inmigración se americanizó progresivamente (Carrón, 1979). Sin embargo, para 1990 aquella era la única nación que aún era un imán migratorio importante en Sudamérica. De este modo, un sólido crecimiento del empleo en las ciudades argentinas, particularmente en el Buenos Aires metropolitano, 92

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