tercera generación de emigrantes japoneses, sus cónyuges inclusive (Matsumoto & Gashu, 1998; Sellek, 1997, pp. 121, 184, 189). La lógica detrás de esta política era que gracias a su ascendencia, los nikkeijin estaban más preparados para adaptarse a la sociedad japonesa que otros extranjeros. A fin de fomentar la inmigración, el Ministerio de Trabajo nipón estableció una agencia oficial para los nikkeijin en el Brasil, el país con el mayor número de inmigrantes de ascendencia japonesa en el mundo (Herbert, 1996, p. 121). En consecuencia Brasil y Perú, que cuenta con la segunda población más grande de ascendencia japonesa fuera del Japón, se convirtieron en los dos principales proveedores de los migrantes de retorno (Yamanaka, 2000). Al respecto, Sellek señala: Gracias a la ley revisada, el número de visas saltó de 8602 a 61 500 en São Paulo entre 1988 y 1991, y en el Perú se cree que alrededor del 15% de los nikkeijin peruanos pasaron por las formalidades de la emigración (1997, p. 189). Luego de la ley de 1990, los peruanos que no eran japoneses también emigraron en gran número al país asiático a trabajar en las fábricas. Hasta que la dispensa de las visas para los peruanos fuera abolida en 1994, muchos ingresaban como turistas; posteriormente otros viajaron con papeles falsificados o con parientes adoptivos de nikkeijin68. Inicialmente los emigrantes eran sobre todo varones (el 79% de todos los peruanos que emigraron al Japón en 1991 eran hombres), muchos de ellos solteros y con títulos universitarios (Fukumoto, 1997, p. 357). Sin embargo, a mediados de los noventa, muchos trabajadores extranjeros fueron despedidos debido a la crisis económica, y si bien es cierto que la economía japonesa viene recuperándose lentamente, el desempleo continúa siendo alto según los estándares japoneses. Incluso, como en el Japón tradicionalmente se paga menos a la mano de obra femenina que a la masculina, la industria ahora prefiere contratar mujeres, razón por la cual, muchas peruanas nikkeijin emigraron. Actualmente hay sesenta y cinco mil peruanos en Japón69; once mil de ellos son inmigrantes indocumentados, comunidad inmigrante solamente superada en número por coreanos, chinos, brasileños y filipinos (Foreign Press Center of Japan, 1999, p. 7; Mori, 1997, pp. 113-14)70. Una década después de que se iniciara la inmigración de los nikkeijin al Japón, la mayoría de los peruanos continuaron teniendo poca interacción con la sociedad japonesa debido, en parte, a las barreras lingüísticas y culturales, y por otra, a su posición marginal en el mercado laboral. Como a menudo son intermediarios quienes contratan peruanos, estos pueden 90
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