En suma, la mayoría de los peruanos en España vive en Madrid y Barcelona, las dos ciudades más importantes del país (Merino, 2004, p. 245). Para los inmigrantes se trata de dos entornos sumamente distintos. Hay más empleo en la primera que en la segunda ciudad debido a su tamaño y estatus como la capital del país, pero los salarios son por lo general ligeramente más altos en Barcelona. Sin embargo, debido al nacionalismo catalán, los inmigrantes a menudo sienten que las barreras culturales y de lenguaje son más fuertes aquí que en Madrid. La situación en ambas ciudades se ve asimismo influida por el hecho de que si bien Barcelona atrae principalmente a inmigrantes de Marruecos, Madrid es, sobre todo, la meta de inmigrantes de las Filipinas, la República Dominicana y diversos países africanos. A pesar de estas diferencias, el establecimiento de los peruanos en España se ve determinado en gran medida por su origen regional en el Perú. Así, los inmigrantes provenientes de las ciudades de Trujillo y Chimbote en la costa norte tenderán a establecerse en Barcelona, en tanto que los que viven en Madrid provienen fundamentalmente de Lima. JAPÓN Antes de 1895, Japón era un país relativamente aislado, con poco o ningún contacto con el mundo exterior. Sin embargo, pasó a ser objeto del establecimiento de extranjeros en 1859, cuando su gobierno reabrió algunos puertos al comercio exterior, y en particular luego de la formación del gobierno Meiji. Podemos dividir su política migratoria, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, en tres periodos (Yamawaki, 2000, p. 40). El primero de ellos fue de 1859 a 1899, cuando hubo asentamientos extranjeros a los cuales la población foránea quedaba restringida. Los coreanos eran la única excepción y podían vivir y trabajar fuera de dichos lugares. Un segundo periodo se extendió de 1899 a 1939, y en él los occidentales eran libres de inmigrar y trabajar en cualquier parte del país, y se importaban trabajadores chinos para que efectuaran trabajos forzados en los antiguos asentamientos de extranjeros. Esta política cambió en 1939, cuando el gobierno japonés permitió a las compañías niponas reclutar a mayor escala coreanos en Corea y Japón, para que trabajaran en su país (Yamawaki, 2000, pp. 41-49)63. Por su parte, la Segunda Guerra Mundial marcó una encrucijada en la historia migratoria del Japón. Más de dos millones de extranjeros vivían en este país antes del inicio del conflicto bélico, fundamentalmente personas 87
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