preferidos porque los peruanos encuentran fácil adaptarse a la lengua y la cultura locales. A la inversa, Argentina y Chile, en particular, son considerados como la última opción porque los salarios son más bajos y las perspectivas que los migrantes tienen de mejorar las condiciones de vida, suyas y de sus hijos, son menos optimistas. De esta manera, la elección del destino es leída como un indicador del estatus económico y social de los migrantes en la sociedad peruana. Así, solamente a los peruanos de ascendencia japonesa y a sus cónyuges se les permite obtener una visa de trabajo en Japón. De igual modo, la emigración a Estados Unidos, España e Italia requiere que los emigrantes cuenten con parientes en dichos países, que los puedan invitar mediante un programa de reunificación familiar o les presten dinero para pagar a los contrabandistas de personas encargados de arreglar el viaje. Argentina y Chile, en cambio, son considerados destinos de menor valor, usados por emigrantes que no tienen conexiones en Estados Unidos, Japón, España o Italia que los «jalen», ni tampoco cuentan con los medios económicos necesarios para viajar ilegalmente a dichos países. Sin embargo, y como veremos en el siguiente capítulo, dentro de esta jerarquía migratoria hay espacio para maniobrar. Así, los migrantes a menudo viajan a Argentina y Chile a ahorrar dinero, luego de lo cual se dirigen, en algún momento, a España o Italia; del mismo modo, algunos nikkeijin emigran al Japón con miras a conseguir una visa de turista o permiso de trabajo en Estados Unidos. 17 Las enfermedades infecciosas traídas por los españoles desde Europa generaron consecuencias desastrosas para la población nativa. El grado de despoblación, así como el tamaño de la población original, es motivo de controversia. Rowe (1963, pp. 184185) estima que la población total nativa de la región andina antes del contacto con los españoles fue de seis millones; Dobyns (1966, p. 415) dice que fluctuó entre treinta y treinta y siete millones; Smith (1970, p. 453) calcula doce millones (solo en los Andes centrales); Wachtel estima (1977, p. 90) diez millones (en el Imperio inca) y Cook (1981, p. 114) calcula nueve millones (solo en el Perú). 18 Lockhart (1968, p. 215) anota lacónicamente: «Sin demasiado cinismo, podemos decir que prácticamente todos los españoles tuvieron amantes indias». 19 La inmensa mayoría de moriscos fueron mujeres (Lockhart, 1968, p. 197). Se trataba en su mayor parte de caucásicas nacidas en España de ascendencia musulmana, que se convirtieron al cristianismo y que tenían al español como lengua nativa. Como fenómeno de transición, las moriscas satisficieron la necesidad de mujeres españolas en el muy temprano periodo de la Conquista, cuando las españolas libres eran aun extremadamente escasas. Sin embargo, la inmigración gradual de más españolas llevó al eclipse casi total de las moriscas como categoría hacia mediados del siglo XVI (1968, 67
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