Peruanos en el mundo

millones) y en el Perú (entre ochenta mil y noventa mil); así como otras más pequeñas en Argentina, Paraguay y Bolivia (Yamanaka, 1996, p. 71; Takenaka, 1999, p. 1460). La inmigración japonesa al Perú cesó al estallar la Segunda Guerra Mundial, y el Perú y Japón repentinamente se vieron como enemigos (Yamawaki, 2002, pp. 113-134). Durante el conflicto armado, los revoltosos pusieron la mira en muchas tiendas y fundos propiedad de japoneses, y entre 1942 y 1944, fueron deportados 1393 de ellos a Estados Unidos, donde fueron detenidos junto con la población japonesa que vivía allá (Gardiner, 1981, p. 95)27. Aunque esta experiencia sigue siendo recordada con amargura por los issei (inmigrantes japoneses de primera generación), ello significa para muchos nisei y sansei (inmigrantes de segunda y tercera generación) que los lazos que sus padres y abuelos mantenían con el Japón y la identidad exclusiva que reclamaban como minoría étnica antes de la Segunda Guerra hizo peligrar su posición en el Perú, y que su propio futuro recaía en el país donde nacieron (Takenaka, 2004, pp. 93-95). Este giro en la orientación, de su país de origen y hacia aquel donde vivían, quedó reflejado en el hecho que, desde 1945, los inmigrantes japoneses al Perú se han casado fuera de su propio grupo étnico en mucha mayor medida que los brasileños de ascendencia japonesa. Además, la imagen que muchos peruanos tienen de los descendientes de estos inmigrantes como una comunidad étnica cerrada cambió dramáticamente cuando Alberto Fujimori, un peruano de ascendencia japonesa, fue elegido presidente del Perú en 1990. Por último, la discriminación que los nikkeijin (descendientes de inmigrantes japoneses de todas las generaciones) latinoamericanos que viven en Japón experimentaron en los últimos años hizo que la minoría japonesa peruana alterase aún más su autoidentificación como nipones (Tsuda, 1999; Takenaka, 1999). Aunque los movimientos de población transpacíficos contribuyeron significativamente al desarrollo económico y político del Perú en el tardío siglo XIX y temprano XX, el país continuó recibiendo inmigrantes de otras partes del mundo. Durante el siglo XIX atrajo a unos cincuenta mil inmigrantes de España, Italia, Francia, Alemania, Portugal, Inglaterra, Irlanda y, en menor medida, Norteamérica. En el sistema colonial, los españoles eran el grupo inmigrante más grande y los italianos, el segundo. Según Ciccarelli (1988, p. 369), sin embargo, estos últimos superaron a los primeros en la década de 1860 y se convirtieron en la colonia europea más 60

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