Peruanos en el mundo

calcula que hasta tres mil chinos llegaron al Callao al año, entre 1905 y 1909 (1995a, p. 45), un movimiento de población que era libre, a diferencia de las oleadas previas de inmigración china al Perú en el siglo XIX. Sin embargo, el hecho de que los gobiernos chino y peruano firmaron un acuerdo, en 1874, para poner fin al trabajo contratado y permitir el libre movimiento de personas y bienes entre ambos países no alteró los prejuicios que el pueblo peruano tenía contra estos inmigrantes; fue así que en 1909 estallaron motines antichinos en Lima. Así, durante las siguientes dos décadas la inmigración china al Perú se hizo cada vez más impredecible y jamás volvió a alcanzar los niveles existentes antes de 1909. En 1930 llegó a su fin, cuando el gobierno populista encabezado por Sánchez Cerro, que había llegado al poder mediante un golpe de Estado, prohibió toda inmigración desde dicho país (1995a, pp. 46-47). Así como la abolición de la esclavitud en 1854 obligó a los hacendados del Perú a buscar mano de obra al otro lado del Pacífico, así también la decisión de poner fin a la importación de trabajadores chinos contratados en 1874 hizo que los empleadores y políticos buscaran mano de obra barata en otros lugares, desde donde se podría persuadir a la gente a emigrar y trabajar en la costa peruana. En realidad ya había un excedente de trabajadores en la sierra peruana, donde los propietarios de haciendas y minas tradicionalmente los reclutaban a través de un sistema de patróncliente. Tales relaciones, que son comunes en toda América Latina (Wolf & Hansen, 1972, pp. 200-204), tienen como base «un acuerdo recíproco que liga a miembros de diversos estratos sociales, no en términos de igualdad social o económica, sino de obligaciones recíprocas de tipo desigual» (Gillin, 1960, p. 36)24. Estas relaciones estuvieron difundidas por la sierra peruana hasta entrado el siglo XX, y no llegaron a su fin sino cuando la reforma agraria disolvió el sistema de haciendas en la década de 1970 (Tullis, 1970, pp. 39-45; Alberti & Fuenzalida, 1969; Trazegnies, 1995b, pp. 201-215; Klaren, 1970, pp. 72-86). Estos vínculos de patróncliente a menudo se establecían mediante una forma de reclutamiento laboral denominada enganche, la cual aseguraba una fuente confiable de mano de obra a los propietarios de haciendas y minas en la sierra peruana. Al respecto, Davies explica que: agentes enviados a las comunidades de indios de la sierra, usualmente después de la cosecha, ofrecían grandes sumas iniciales a los indios parados y a aquellos que se hallaban profundamente endeudados, debido a la pérdida de la cosecha o a los gastos realizados en las fiestas. Los indios, a cambio, firmaban un contrato de 58

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx