Peruanos en el mundo

los forzó a trabajar en condiciones de las cuales nada sabían antes de viajar (Rodríguez Pastor, 2000, pp. 37-43). Las primeras naves en dejar trabajadores contratados llegaron de puertos de la China propiamente dicha (Trazegnies, 1995b, pp. 104-105). Sin embargo, Hong Kong, que por ese entonces era una colonia inglesa, y los puertos vecinos controlados por la Corona británica, pasaron pronto a ser las principales ciudades que despachaban trabajadores chinos. Cuando las autoridades inglesas prohibieron el embarque de emigrantes en sus puertos de China, el principal lugar de emigración pasó a ser Macao, que era controlado por los portugueses (1995b, p. 249). En efecto, el vínculo migratorio que surgió entre China y Perú en el siglo XIX se desarrolló como una extensión de un movimiento de población ya existente, de China a distintos destinos en el Pacífico. Ya en 1802 los emigrantes chinos se habían establecido en Hawái, y para la década de 1830 se les estaba reclutando de modo más sistemático para las plantaciones azucareras de las islas (McKeown, 2001, p. 33). La cadena migratoria posteriormente se extendió hasta California, donde los varones chinos tomaron parte en la fiebre del oro de la década de 185022. Sin embargo, la Ley de Exclusión de Chinos de 1882 detuvo temporalmente la emigración de China a Estados Unidos, lo que hizo que los emigrantes de este país buscaran empleo en otros destinos, como el Perú (2001, pp. 26-30). Aunque podemos remontar la presencia asiática en el Perú a 1613, cuando se documentó que treinta y ocho chinos, probablemente llegados de las Filipinas, vivían en Lima, no sería sino hasta la abolición de la esclavitud que su inmigración a este país comenzaría a gran escala (Dobyns & Doughty, 1976, pp. 172-173). Este proceso ganó impulso en 1849, cuando se aprobó la llamada «ley china» para asegurar la importación de trabajadores contratados desde dicho país (Trazegnies, 1995b, pp. 85-86) y creció aún más cuando los esclavos fueron emancipados en el Perú en 1854 (McKeown, 2001, p. 44). En consecuencia, un total de noventa mil chinos, fundamentalmente de la zona de Cantón —la ciudad más cercana a Hong Kong y Macao—, emigraron al Perú entre 1848 y 187423, donde encontraron empleo en la costa, precisamente en las haciendas de algodón y azúcar, en la industria guanera, así como en la construcción de ferrocarriles en la sierra (Rodríguez Pastor, 2005, pp. 47-54; Trazegnies, 1995a, p. 26). La inmigración china al Perú volvió a florecer en 1904, al establecerse las primeras líneas de vapor directas entre Hong Kong y el Callao. Se 57

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