Peruanos en el mundo

peruanos al participar en actividades transnacionales, al crear identidades diaspóricas y buscar la adaptación en Estados Unidos, España, Japón y Argentina. 1 Altamirano emplea datos de la Dirección General de Migración y Naturalización del Perú, a partir de un conteo de rutina del número de peruanos que entran y dejan el país. 2 Respecto a los cubanos en Miami, véase Pérez (1992); para mexicanos en Los Ángeles, véase Ortiz (1996); para los puertorriqueños en Nueva York, véase Duany (2002), Flores, Attinasi y Pedraza (1987); en relación con los jamaiquinos en Londres, consúltese Foner (1978). 3 Para los marroquíes en España, véase Bodega y otros (1995); para los argelinos en Francia, véase Wadia (1999), Hollifield (1999); para los turcos en Alemania, véase Chapin (1996); para los paquistaníes y bangladesíes en Inglaterra, véase Ballard (1987), Gardener (1992), Werbner (2002a); para los sijes en Europa, véase Axel (2001); para los filipinos, véase Salazar Parreñas (2001). 4 Para Asia, véase Shah (1995) y Vertovec (2000); para África, véase Adepoju (1995); para América Latina, véase Castillo (1994) y Balán (1992). 5 Para un examen crítico de las ideas de Agamben sobre el estado de excepción véase Das y Poole (2004, pp. 11-13). 6 Stratton (1997) sugiere que distingamos entre diversas formas de diáspora sobre la base de la experiencia judía. En la versión premoderna, el concepto está ligado no solo al capitalismo colonial, que exigía el movimiento de trabajadores entre las colonias, sino también con las dispersiones griega, judía y armenia. Estas diásporas clásicas implican las ideas de desplazamiento, de exilio y retorno (Safan, 1991, pp. 83-84), lo que generó la fuerte identificación colectiva de un grupo étnico con su tierra natal (en algunas diásporas, como la judía, esta identidad incluso converge con la religión). El significado posmoderno del término se deriva de los flujos poblacionales masivos que ocurrieron en el mundo occidental al formarse el Estado-nación en el siglo XIX, y posteriormente cuando comenzó a encontrarse bajo presión en el tardío siglo XX (Stratton, 1997, pp. 307-310). En ambos periodos, las diásporas fueron algo central para la conceptualización y la imaginación de una población nacional confinada y homogénea, lo que actuó como un catalizador de —y como una barrera a— el desarrollo del Estadonación. Paradójicamente, el nacionalismo y la transnacionalidad son ambos inherentes a las identidades diaspóricas (Tölölyan, 1996, p. 5). 7 Con una población inmigrante peruana de casi sesenta mil personas (Consulado peruano en Milán, 2006), Milán es particularmente interesante porque atrae a una mezcla de categorías muy distintas de peruanos: aunque una gran parte de los migrantes proviene del interior andino (Junín y Áncash), la ciudad también ha pasado a ser el centro global de los gays y travestis peruanos. Otros países con una importante inmigración peruana en la Unión Europea son Francia y Alemania, en tanto que países como Suiza, Holanda e Inglaterra cuentan con comunidades peruanas algo más pequeñas (véase Altamirano, 1996). Suecia, de otro lado, era el refugio de los refugiados políticos peruanos hasta hace menos de diez años. 49

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