Peruanos en el mundo

se está buscando no aparecen. Estoy sentado en el Ventura Mall en Miami nororiental, tomando mi tercera taza de café mientras observo la multitud de personas que pasa de largo o hacen cola en uno de los muchos restaurantes, o se sientan y comen la comida rápida que acaban de comprar. Los rostros que busco son los de una sociedad multicultural: un popurrí espectacular de colores y razas. Aquí el español se escucha con tanta frecuencia como el inglés; en realidad para muchos, el «spanglish» es la forma más natural de comunicarse. Me pregunto si el lugar que elegí para hacer observaciones de campo es el punto de tránsito de aproximadamente todos en el Condado Dade. El objetivo de mi visita a Ventura Mall, ese día de febrero de 1998, era reunirme con una joven mujer peruana. Silvia estaba empleada como mesera en un espresso bar en el patio de comida del centro comercial, y me había prometido presentarme a los peruanos que trabajaban allí. Había estado esperando casi dos horas y comenzaba a dudar si esta era la forma correcta de estudiar a los migrantes peruanos en Miami. ¿Cómo podía identificar mi objeto de estudio en medio de esta inmensa multitud de personas? ¿En qué medida debería incluir el medio circundante con el fin de contextualizar mis observaciones? Se me ocurrió que el sitio de estudio que había elegido era tal vez demasiado grande para que sirviera como un campo idóneo de estudio, o para captar algo más que un vistazo de la construcción de una localidad por parte de los peruanos. En suma, no podía ver el bosque debido a todos los árboles. Mis ánimos se levantaron considerablemente cuando Silvia apareció y me presentó a varios de sus compatriotas, hombres y mujeres, que trabajaban en el centro comercial. También me explicó cómo fue que la red de relaciones familiares peruanas se estableció allí. Al principio, hacía casi dos años, una pareja de migrantes consiguió empleo como limpiadores de mesas; hoy en día más de veinte peruanos trabajan como asistentes de tienda, estacionando coches y como personal de seguridad. También aprendí que los hilos que unen a estos inmigrantes en un submundo peruano dentro del centro comercial les dan un sentido de pertenencia. Pero este es radicalmente distinto de su lealtad a su lugar de origen. En vez de transmitir el significado de una localidad, el Ventura Mall encarna la identidad fluida y móvil que emerge del hecho de formar parte de la misma red de relaciones familiares, o de compartir una identidad étnica o de minoría. Este sentido de pertenencia se materializa en localidades cambiantes, de acuerdo con las estrategias de subsistencia de los 34

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