cuales consideran complementarias a su antiguo sentido de pertenencia en vez de competir con él. Mientras que los migrantes del interior andino, con experiencias migratorias previas dentro de su país natal, son particularmente hábiles en negociar identidades debido a sus estilos de vida híbridos, los peruanos de antecedentes nacionales mixtos, como Antonio, quien es de ascendencia japonesa, enfrentan la tarea más difícil de volver a moldear una forma de identidad minoritaria en el Perú, en otra más en el país anfitrión. Este problema de cristalizar formas nacionales, geográficas y étnicas de pertenencia se ve complicado aún más por variables tales como el género, la clase, la ocupación y la edad. La fluidez del sentimiento peruano de pertenencia tiene otra dimensión más. La lealtad que muchos emigrantes sienten respecto a su lugar de origen no coexiste solamente con las clasificaciones legales y etiquetas populares de los inmigrantes en los países anfitriones, sino también con las nociones temporales de localidad que ellos desarrollan fuera del Perú. Este sentido de pertenencia podría ser la localidad en donde viven, trabajan, donde desarrollan actividades culturales, cultos religiosos, actuaciones públicas u otras formas de práctica social. Dado que muchos emigrantes se encuentran constantemente en movimiento mudando de casa, cambiando de empleo, asistiendo a reuniones y participando en organizaciones, estos centros temporales de identidades diaspóricas en los países anfitriones rara vez suplantan su sentido de pertenencia en el Perú. En vez de convertirse en incubadoras de identidades más permanentes basadas en la lealtad al país receptor, el apego de los migrantes a estos nuevos entornos tiende a ser temporal. Dado que los migrantes peruanos son casi siempre móviles, su sentido de pertenencia en el país receptor frecuentemente se funde con las redes que crean entre distintas ciudades, naciones y continentes, así como las relaciones sociales que establecen con otros inmigrantes en los vecindarios en donde viven y en los lugares donde trabajan. Esta noción más transitoria del lugar difiere de su lealtad para con el Perú, puesto que ella se encuentra inscrita en localidades que ya se hallan pobladas y a las cuales también se les adscribe significado. En la terminología de Appadurai, los peruanos intentan producir localidades en «formas sociales de modo realmente existentes, en las cuales la localidad, como dimensión o valor, se realiza variable» (1991, p. 179). El apego que los migrantes sienten por los lugares en donde viven y trabajan expresa un sentido sumamente localizado de pertenencia, pero al mismo tiempo son altamente relacionales y contextuales. Adondequiera 32
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