Peruanos en el mundo

acerca de la adquisición de una identidad escrita que comprende una jerarquía de declaraciones juradas que construyen a la persona legal. Los elementos o entradas individuales en cada documento, y la relación de un documento con el otro en un dossier, representan una realidad objetiva escrita acerca del solicitante» (2001, p. 4). 154 Caplan y Torpey afirman que esta «necesidad de identificar y rastrear a quienes han deambulado o viajado más allá del círculo en donde se les conoce personalmente fue un estímulo original y continuo para el desarrollo del documento de identidad portátil en su forma moderna» (2001, p. 2). 155 En realidad, la conciencia de ser un ilegal está tan difundida entre los peruanos en el Japón, donde el gobierno sigue una política migratoria sumamente estricta y considera que la ilegalidad es un delito, castigable potencialmente no solo con la deportación sino con una pena de cárcel, que algunos inmigrantes usan el término para identificarse a sí mismos. Así, en un campeonato de fútbol en Mooka, en el cual participaban grupos inmigrantes no solo de Latinoamérica sino también del Asia, noté que algunos de los equipos peruanos se llamaban a sí mismos «los ilegales». Naturalmente que la designación también indicaba cierta ironía y distancia del uso oficial del término. 156 En 1989 tuve la oportunidad de conocer a «la tía» en Lima, justo antes de que Andrea partiera a Estados Unidos. Ella había informado a las familias de Andrea y Silvia que esperaba llegar de Miami en cierta fecha. Sin embargo, ella no les dio el número del vuelo ni la hora de su arribo. Así, Andrea y Silvia pasaron todo el día esperándola en el aeropuerto de Lima. Resultó que «la tía» había cambiado de vuelo y llegó un día después. Un par de días más tarde, la mujer invitó a toda la familia a una recepción que se realizaría en la casa de uno de los parientes de Andrea y Silvia. En este evento estuvieron presentes todos sus sobrinos, quienes estaban considerando aprovechar su oferta de «jalarlos» a Estados Unidos; con ello, la mujer intentaba captar su atención y su posible respaldo al emigrar. 157 En realidad, «la tía» no es pariente biológica de Andrea y Silvia, sino la esposa del hermano de su padre. Ella fue «jalada» por una de sus ahijadas que vivía en Miami, quien le prestó dinero para que viajara ilegalmente a Estados Unidos. 158 Cabe precisar que «la tía» actuó como «jaladora» antes incluso de haber emigrado. Mientras vivía en Lima, esta mujer, que proviene de Apurímac y que dejó su pueblo cuando joven, ayudó a varios de sus parientes cercanos a que emigraran a la capital. 277

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