Peruanos en el mundo

obligados a pedir ayuda a sus parientes para financiar sus viajes y los primeros meses en sus nuevos países de residencia. En efecto, muchos descubren que las mismas relaciones que los ayudaron a emigrar, y que por ende los llevaron al mundo de la ilegalidad, podrían impedir, posteriormente, que consigan el estatus legal y, con ello, integrarse a la sociedad receptora. Como señalara Mahler, quien estudió a los inmigrantes hispanos de Long Island: Cuando la inocencia de los inmigrantes neófitos es explotada por los miembros de su mismo grupo étnico más experimentados, los recién llegados son introducidos a la estructura de oportunidades que enfrentarán y que aprenden a usar para sus propios fines (1995, p. 104). En tal situación, los recién llegados «aprenden del modo difícil que una de las mejores vías disponibles es utilizar los recursos dentro de su comunidad en provecho propio» (1995, p. 104). A continuación examino dos casos que muestran cómo es que los migrantes renegocian sus relaciones con sus pares y establecen nuevas relaciones, en un intento de legalizar su estatus en su país de residencia. Andrea y «la tía» Ya conocemos a Silvia y a Andrea, así como a su lucha por hacer el viaje a Estados Unidos como inmigrantes indocumentadas. Describí también cómo es que el viaje de Andrea fue financiado con un préstamo que le hizo una «tía» que vivía en Miami. Antes de emigrar, esta mujer trabajaba como costurera en Lima y tenía un ingreso modesto, pero como quería ofrecerles a sus hijos un futuro mejor, decidió viajar a Estados Unidos por cuenta propia. Según Andrea, el viaje de «la tía» como inmigrante indocumentada no fue nada fácil: «La tía» sufrió bastante. Ella tenía cincuenta y seis años cuando dejó el Perú y era gorda. Imagínate viajar todo el camino a Estados Unidos por tierra, sola, a esa edad y con ese peso. Después de un par de años viviendo en Miami, ella ahorró sufriente dinero como para «jalar» a sus cinco hijos, uno por uno. Una vez que su familia volvió a unirse, decidió traer también a algunas de sus sobrinas156; y en 1989, le ofreció a Andrea un préstamo de siete mil dólares para financiar su viaje a Estados Unidos. En Miami, Andrea se enteró de que «la tía» esperaba que ella pagara el préstamo y el respaldo que le había ofrecido a una alta tasa de intereses, 273

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